27 de diciembre de 2014 19:26

Delia Caguana: 'Quiero trabajar para mi pueblo'

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Ivonne Guzmán
Editora

Introducción:

Delia Caguana
es tan simpática, y su vida tan interesante, que no importa qué se tenga que hacer para encontrarse con ella: cambiar el sitio de encuentro, a última hora, y viajar 50 minutos para lograrlo; o buscarla en todas las puertas del Mercado Santa Clara. Delia, de la etnia puruhá, actualmente es la presidenta de la Confederación del Movimiento Indígena de Chimborazo. Delia tiene un magnetismo, que hace que la gente se detenga en la calle a hablarle. Es dueña de una energía especial; seguramente la misma que usa para curar, y la misma que le permite decirme, poco antes de despedirnos:“Báñate en una cascada, abraza un árbol”.

Testimonio:

Vengo trabajando desde que tengo 12 años, que fui tesorera en la escuela donde terminé la primaria; luego fui presidenta de los catequistas en mi comunidad; después presidenta de la pastoral indígena de mi parroquia. Estuve en el Centro de Formación Monseñor Leonidas Proaño, en donde tuve la oportunidad de prepararme gracias al apoyo de una hermana francesa que me ayudó para que sea buena dirigente y buena compañera.

Desde pequeña me decían Mama Delia; no sé por qué, pero siempre lo hacían y me pedían que les representara, que me preparara, que fuera a talleres para saber cómo liderar a la comunidad. Pero yo les decía que no podía porque a mis padres no les gustaba que vaya para allá. Yo para salir a cualquier lugar tenía que dejar haciendo los quehaceres domésticos; dejar hierbas para los animales.

A mí me dicen que siempre ando sonriendo, que no soy brava y que soy trabajadora. Siempre me gustó trabajar la tierra, me gustaba llevar a pastar a los borregos, y por eso mis abuelitos me llegaron a querer mucho más que a otros nietos. Yo tenía ese amor por servir, con cariño, por mis abuelitos, que me enseñaron a que siempre sonría; viví con ellos hasta tener 18 años, porque no me enseñaba a vivir con mis papás.

Con la ayuda de monseñor Víctor Corral Mantilla me fui a Suecia para prepararme y predicar la palabra de Dios, celebrar las fiestas, dar hostias, hablar con los enfermos. Cuando volví trabajé dos años, pero un sacerdote me hizo la vida imposible, no me quería dar las hostias. Entonces yo tenía que ir corriendo donde Monseñor para que me ayude; él me decía: si no quiere dar las hostias el padre, yo voy a mandar. Y me las mandaba. Me gustaba trabajar con los católicos, me mandaban a las comunidades lejanas; y no solo iba a dar hostias sino que hablaba de temas sociales y económicos, para fortalecer nuestra economía con nuestra tierra, agua y semillas.

Después de que regresé de Suecia, a los 28 años, entré a la secundaria. Terminé el bachillerato y luego estudié para ser tecnóloga en Medicina. Es que por estar en las organizaciones no he estudiado (se ríe), y ahora me arrepiento (sigue sonreída). Y estoy soltera porque mi compromiso ha sido siempre con las organizaciones, porque conocí el documento de monseñor (Leonidas) Proaño, que hablaba de la iglesia liberadora, de los movimientos sociales.

Llegar a este espacio no fue fácil, tuve que pelear con bastantes hombres dirigentes de mi provincia y si me equivoco puede que después digan: “No, los guambras no sirven”. Pero mi sueño es que los guambras y los mayores sirvamos y trabajemos por el bienestar de nuestro pueblo.

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