14 de octubre de 2015 11:46

Las piezas de antaño decoran con estilo y mucha historia

Mobiliario, utensilios, altares, molinos... asiáticos y europeos son las  propuestas de dos tiendas capitalinas. Todos son tratados al llegar al país. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

Mobiliario, utensilios, altares, molinos... asiáticos y europeos son las propuestas de dos tiendas capitalinas. Todos son tratados al llegar al país. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

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José Guaygua
Redactor (I) 
jguaygua@elcomercio.com

La colección de elementos antiguos no es una práctica nueva. La naturaleza curiosa del hombre por conocer su origen hizo de esta un hábito bastante cotidiano. Bajo ese concepto nació la tienda Satya Arts y Antiques, ubicada en la calle José Borja, en la parroquia de Puembo (Quito).

Al ingresar al lugar llama la atención un container, pintado en rojo intenso, cuya puerta mantiene los colores con que fue pintada hace más de un siglo. Es una de las tres galerías donde se exhiben las antigüedades.

Jaivir Hooda, propietario del negocio, explica que todos los muebles, mesas, sillas, columnas, puertas... son originarios de la India. Las distintas ocupaciones del país se reflejan en el estilo: francés, portugués, musulmán y británico.

Entre los objetos predilectos están las puertas, algunas por su colorido pasan a ser cuadros. Otras talladas al detalle contrastan bien en ambientes modernos, minimalistas y contemporáneos.
Hay baúles en los que se transportaba la dote de la mujer previo al matrimonio. Los más grandes pertenecían a familias pudientes.

En un madero retirado de un templo se divisa a Brahmá, Visnú y Shiva, tres dioses importantes de los miles que tiene el hinduismo. Igual de llamativo es un altar, que lleva una esvástica, cuyo significado hindú es de bienestar. Más tarde, el símbolo sería tomado por el partido nazi en Alemania.

Pero las piezas ‘añejas’ no son exclusivas de la India. En Pigalle Galerie (Floresta-Quito), que por cambio de local ofrece descuentos del 50%, hay un comedor belga de 1910 con sillas de cuero.  

Los 115 años de un aparador alemán son imperceptibles al ver el brillo del roble con el que se lo hizo. Según Marisol Montalvo, encargada de la tienda, disponen de dos relojes a cuerda, reparados y trabajando.

Una de las consolas más elegantes es un Boulle francés, que data del siglo XIX, es negro con incrustaciones de mármol y trazos dorados.

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