31 de July de 2010 00:00

Su decisión confrontó a los padres

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Redacción Sociedad

‘Pedimos la cabeza de la Ministra”, gritaba una mujer afuera de la Asamblea Nacional, el martes pasado. “Qué se vaya la Ministra”, reiteraron decenas de padres de familia en las afueras de los colegios más emblemáticos de la capital. “Queremos un cupo”, demandaron en la puerta del Ministerio de Educación desde hace dos semanas. El sorteo electrónico de los cupos para octavo de básica desató un conflicto que recae sobre Gloria Vidal Illingworth, ministra de Educación. Al cumplir tres meses en la dirección de esta Cartera de Estado, la funcionaria afronta duras críticas por el caos que ocasionó el sorteo electrónico de cupos. En abril de este año, Gloria Vidal fue designada por el presidente Rafael Correa como la sucesora de Raúl Vallejo en el Ministerio de Educación. Respaldar la decisión de cambiar el modelo de inscripción en las instituciones educativas del Estado fue unos de sus primeros compromisos.Con el uso de la Internet para registrar a miles de estudiantes que demandan un cupo para octavo de básica, se revolucionaría el sistema tradicional. Cada año, las largas filas afuera de los planteles más grandes y cientos de padres durmiendo en las veredas para lograr una plaza, evidenciaron retraso y desorganización en el sistema de educación básica. A finales de mayo, Vidal decidió usar por primera vez un modelo de inscripción que aprovechara la tecnología. La disposición se aplicó para los aspirantes al octavo año de básica, en colegios con más de 1 200 estudiantes del régimen Sierra. Después se incorporarán los demás planteles. Unos días antes, el alcalde de Quito, Augusto Barrera, se adelantó. El 18 de mayo anunció que se usará el sistema electrónico de recepción de datos en escuelas y colegios municipales. En ese caso, se trataba solo de Quito. Hasta esos días, el Ministerio de Educación no informaba si habrían cambios en la inscripción tradicional. La medida sorprendió a los rectores de cada institución y a los padres de familia, que se alistaban para soportar malas noches afuera de los planteles. El 14 de junio, día en que estaban previstas las inscripciones en los colegios, los padres de familia se encontraron con las puertas cerradas. Varios rectores apenas se enteraban de que debían acogerse a la nueva disposición de Vidal. Ese mismo día, las autoridades de cada plantel debían acudir a un curso de capacitación, al mismo tiempo, ya estaba en funcionamiento el nuevo sistema.En algunos colegios ya había una organización para la recepción de postulantes. Fanny Rodríguez, del colegio Montúfar de Quito, por ejemplo, señaló que la institución que preside ya tenía una página web, a través de www.educanet.ec. El mismo sistema estaba planificado para el Simón Bolívar y consistía en inscribir a un número determinado de alumnos y ese sería el filtro. La decisión de Vidal dejó en el limbo todas esas formas ya planeadas de inscripción. Cuando la página del Ministerio de Educación empezó a registrar aspirantes al octavo de básica, Vidal señaló que no existía un límite de estudiantes para inscribirse en cada institución. También reiteró que ningún colegio estaba autorizado a pedir contribuciones de ninguna índole a los padres de familia. Eso ocasionó que existiera más demanda en los planteles con renombre.Pese a que la oferta superaba unas ocho veces más a la demanda de cupos en colegios como el Montúfar (que tiene 400 plazas y recibió 3 500 solicitudes), el proceso continuó. Vidal no tenía previsto que había estudiantes cuyas tres opciones de planteles eran las más demandadas y que si no salían sorteados en ninguno de los tres ¿a dónde se irían? El 16 de julio se hizo el sorteo y se confirmó que unos 15 000 se quedaron sin cupo. La Ministra dijo que serían reubicados en instituciones que aún no cubrían sus plazas. Pero eso enojó a padres de familia, que aspiraban a una de las tres opciones que prefirieron. Después de que estos permanecieran una semana en reclamos afuera del Ministerio de Educación, Vidal decidió anular la lista de los favorecidos, por una supuesta alteración en el sorteo. En lugar de calmar a los padres, la disposición de Vidal radicalizó las protestas y confrontó a los padres: los que ya tenían cupo y los que aspiraban a conseguir uno. La inscripción en línea quedó anulado. El martes se inició un nuevo proceso, lo cual enojó más a los padres. Las manifestaciones se trasladaron a ocho colegios de la capital. Incluso los estudiantes, de 12 años, durmieron en la calle para reclamar su cupo. Lo peor, ayer los padres de familia que protestaban fueron agredidos con gases lacrimógenos. A pesar de esa situación, la Ministra jamás encontró una verdadera salida al problema. Receptar las inscripciones en sitios alternativos fue algo tibio. Vidal insistió que la lista original de cupos fue manipulada y acusó a los miembros del Departamento de Tecnología de su propia Cartera de Estado. La réplica de los acusados: el error está en el apresuramiento de la Ministra en utilizar la herramienta sin antes realizar las pruebas necesarias. Aun así, Vidal señaló que sería una “irresponsabilidad” renunciar en el estado que se encuentra el sistema educativo.

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