12 de May de 2014 12:20

Así es el trabajo de dos enfermeras entre sus pacientes…

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Un jarro de café no puede faltarle a la cuencana Gladys Illescas. Ella se sirve de esta bebida caliente para no dormirse durante su turno en la noche como enfermera en el Hospital José Arteaga, de Cuenca.

Illescas tiene 60 años, de los cuales la mitad labora como enfermera. Pese al cansancio de las veladas, está acostumbrada a su oficio. Es una tarea ardua porque debe estar pendiente que los pacientes estén bien.

El sol todavía no salía a las 05:50 del lunes e Illescas llenaba el reporte de sus pacientes en el computador. Ella sabe de memoria su trabajo, pero dice que siempre hay que estar atenta porque los imprevistos no faltan.

Esta cuencana tiene una maestría en salud materna infantil y recuerda su niñez cuando escogió un vestido blanco, que era similar al de una enfermera. Desde allí nació su inclinación por esta profesión, pero que se consolidó cuando se casó y decidió estudiar.

Illescas tiene la responsabilidad de suministrar los medicamentos a sus enfermos y revisa con atención las dosis exactas que tendrán que tomar cada persona. “No puede haber errores, porque la vida de los seres humanos es mi responsabilidad”.

Esta tarea la comparte con otras 120 enfermeras que laboran en el Hospital del Seguro. Los rayos del sol empiezan a iluminar las habitaciones y ella se alistar para cambiar el turno. Son las 07:00.

Su compañera Glenda Rosales, de 50 años, llegó a las 06:30 de este lunes al Hospital del IESS. Ella recibió el turno de Illescas y ambas pasan visita a los 25 pacientes que tienen a su cargo, con el objetivo de conocer su estado de salud y saber qué medicamentos suministrarles.

Rosales luce un uniforme blanco con dibujos alusivos infantiles y también lleva un jarro de café, para el momento que sienta cansancio tomar un poco.

Esta cuencana lleva 29 años en su profesión y asegura que lo más duro tratar un paciente en estado crítico. “Nuestro cerebro se descontrola y muchas veces cambiamos el estado de ánimo y hay pacientes que piensan que estamos molestas, pero no es así”.

Illescas y Rosales prefieren no recordar los pacientes que han visto fallecer. “Eso nos deprime y es mejor olvidar”. Ellas con una
sola mirada ya se comunican y saben si el estado de sus pacientes es positivo.

Además, las dos sienten que muchas veces su profesión es incomprendida, porque pueden juzgarles que es un trabajo de rutina y fácil. Rosales asegura que es un oficio de querer a los demás.

Al igual Illescas está convencida que es una profesión de servicio y buscar el bienestar del prójimo.

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