29 de noviembre de 2017 00:00

Las danzas costeñas, una amalgama de influencias

El evento se realizó en el MAAC. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

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Alexander García
Redactor
(F-ContenidoCultural)

La forma en que la cultura montuvia se apropió de las polcas europeas, imprimiéndoles unas aceleraciones al ritmo original, bailándolas con saltos y zapateo, se representó en una gala-conferencia de la escuela de danza Mada Cultura de Guayaquil, que abordó el tema del folclore costeño y las danzas introducidas.

Siete niños de la escuela y un maestro participaron de la puesta en escena de bailes como El calamar, tradicional de provincias como Manabí, con pasos más cadentes y marcados por el coqueteo.

En el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC) también se mostró Er galope, un baile heredado de la época liberal, explicó Alejandra Daza, bailarina y directora de Mada, que se basó para el montaje en el libro ‘Alma montuvia. De la música y el baile en el Litoral ecuatoriano’, del folclorista guayaquileño Wilman Ordóñez. Er galope relata la guerra entre liberales y conservadores.

“En Mada enseñamos desde hace cuatro años danza clásica, contemporánea y jazz. Queríamos hacer danzas autóctonas y encontramos en el libro una guía, y en la práctica contamos con la ayuda de Joffre Melendres”, indicó Daza. “Es la primera vez que bailamos danzas folclóricas y ha sido una linda experiencia poner en contacto a los estudiantes con lo autóctono e identitario, algo que esperamos repetir”.

El evento propuso una cronología de las influencias de las danzas del Litoral, desde la época precolombina a la modernidad. La línea de tiempo fue planteada como una forma de entender el folclor como una amalgama de referentes socioculturales, simbólicos y festivos “que tienen que ver con la construcción de identidades, la etnicidad, la cotidianidad y procesos históricos”.

La época colonial marca las influencias hispánicas y el sincretismo mestizo afro-indígena-blanco-montuvio. “Mientras los patrones bailaban mazurcas, valses, polcas, cracovianas, contradanzas, minuetos y cuadrillas; los pobres bailaban fandangos, chambas y candiles en ritmos como el Alza que te han visto, La iguana, La Puerca Raspada y El Tábano”, siempre según el libro, citado por Daza. En la República destacaron ritmos como pasacalles y pasillo, de raigambre europea, pero también amorfinos zapateados y de controversia acompañados de guitarra, tambores de cuero de saíno y flautas de caña.

Joffre Melendres, bailarín de danzas folclóricas, guayaquileño vinculado a la cultura montuvia, fue el encargado de montar las coreografías con infantes que vienen de la danza clásica. “Trabajar con los niños es un gusto, siento que estoy transmitiendo saberes, porque no solo se les enseñan los pasos sino que se los va formando en la cultura”.

El siglo XX marca un disparo de la música afrocaribeña y se apuntaron influencias dancísticas de Colombia, Panamá, Cuba o México, ritmos como el porro, la guaracha, pero también la ranchera, el corrido y el valse criollo, cuyos elementos comienzan a incorporar a su tradición la cultura montuvia.

“La idea es rescatar identidad y ver cómo determina a las danzas del Litoral la forma de vida, las costumbres, el paisaje, el entorno”, dijo Mariela Moncayo, gestora cultural del MAAC, coordinadora del evento. “Son expresiones sonoras que, como señala el folclorista, se podrían definir como culturas del agua, muy ligadas a la actividad agrícola y ganadera”.

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