18 de noviembre de 2017 00:00

La cultura salasaka es un imán turístico de Guasalata

Jorge Caizabanda explicó a los visitantes europeos sobre la tradicional bebida del tzawar mishky en una de las chacras de la comunidad. Fotos: Fabián Maisanche / EL COMERCIO

Jorge Caizabanda explicó a los visitantes europeos sobre la tradicional bebida del tzawar mishky en una de las chacras de la comunidad. Fotos: Fabián Maisanche / EL COMERCIO

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Fabián Maisanche
Redactor
(F - Contenido Intercultural)

La comunidad de Guasalata se convirtió en el escenario perfecto para mostrar las artesanías, saberes, fiestas ancestrales, vestimenta y otras tradiciones que practica el pueblo Salasaka, de Tungurahua.

De esta forma, los turistas conocen la riqueza cultural a través de la convivencia y la práctica. De esa experiencia fueron parte un grupo de jubilados y promotores turísticos de Fráncfort (Alemania).

Jorge Caizabanda recibió a los visitantes y les explicó la historia de uno de los cuatro pueblos de Tungurahua. Los turistas escucharon la charla en el patio de la casa de huéspedes. Se trata de una vivienda de techo de paja de un piso, cinco habitaciones y grandes ventanales. Es una casa que se adaptó para recibir a los viajeros que deseen pernoctar allí.

Los tapices, sombreros y otras artesanías que elaboran en Salasaka se mostraron a los viajeros.

Los tapices, sombreros y otras artesanías que elaboran en Salasaka se mostraron a los viajeros.

Caizabanda junto a algunos de sus familiares y vecinos repartieron entre los turistas tortillas de maíz y habas cocinadas, una comida tradicional de esta comunidad. Les ayudó un intérprete.

Los turistas europeos conocieron algunas actividades de los salasakas como el hilado, tejido y confección de tapices, el pisado del poncho y la preparación de tortillas de maíz. También, vieron de cerca como se realiza -desde la extracción del penco o cabuya- la bebida del tzawar mishky.

Los turistas de Fráncfort compartieron una tortilla de maíz acompañada de una taza de agua aromática.

Los turistas de Fráncfort compartieron una tortilla de maíz acompañada de una taza de agua aromática.

Según el operador turístico, Thomas Kold, las actividades preparadas por los salasakas cubrieron las expectativas de sus compatriotas. El empresario aseguró que invitarlos a ser parte de su forma de vida les permitió sentir una verdadera convivencia con el pueblo.

“Es muy interesante como la tradición indígena sigue presente en el país. El turista de Alemania busca estas actividades y vamos a desarrollar paquetes donde la visita a ciudades patrimoniales esté compaginada con las de las culturas indígenas”, sostuvo Kold.

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