21 de June de 2010 00:00

La visión de Velarde, en 25 obras

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Redacción Cultura

La búsqueda de sí mismo y su gusto por la pintura es lo que Jorge Velarde comparte en ‘Dispersiones’, una exposición que estará abierta hasta finales de junio en la galería Ileana Viteri, en Quito.

fakeFCKRemoveAllí, 19 obras pictóricas y seis retratos transmiten las sensaciones del artista guayaquileño a la hora de utilizar el pincel. El arte para él es el intento por encontrar su esencia y trasladar a la tela su imaginación, lo que le agrada y también lo que le desagrada y odia.

Uno de los cuadros que más llamó la atención de los asistentes a la inauguración pictórica, el pasado jueves en Quito, fue Gregorio Tzanta (2009). El cuadro retrata la cabeza de Velarde con el cuerpo de un insecto. “Al ver el cuadro terminado, mi esposa me dijo: ¿Es el protagonista de Metamorfosis?”, cuenta con sonrisas Velarde.

Por eso el nombre del cuadro; más, al añadir una paleta de colores como parte de su cara, el artista dice verse reflejado en cada uno de sus personajes. “Me imagino cómo se sienten ellos, primero los diviso, me inspiro y los pinto”. La misma edición de Tzanta se observa en dos cuadros más, el uno con siete moscas y el otro yendo a ser aplastado por un zapato.

Las reacciones fueron similares al apreciar los cuadros en que Velarde aparece degollado y en la segunda parte ofrecido en una paleta sin colores. María Eulalia Muriel, empresaria de 42 años, quedó fascinada con ambas muestras. Como Juan Bautista I y II proyectan la imagen del pintor sin cuerpo y reviviendo la expresión de un degollamiento. Para la empresaria, esa crueldad enfocada en algunos cuadros del artista impactan a cualquier espectador, pues no es común observar esas imágenes en las piezas.

Sin embargo, la intención de Velarde es otra. Dice que no buscar transmitir nada a quienes observan, más bien es “contagiarles del gusto por el arte, la pintura”.

Tema que el considera su pasión. No cree ser un artista contemporáneo, pero sí moderno. “A diferencia de los artistas contemporáneos yo concibo esto como una búsqueda personal. En realidad a mí no me interesa buscar significados en las obras. Elaboro más bien imágenes realistas”.

Y eso es lo que precisamente puede apreciarse en cuadros como Pies de Anabela Dormida, Judith y Holofernes, y Reposo. Obras en las que los movimientos y las profundidades se marcan para proyectar imágenes vivas. A Marco Escobar, otro espectador, el primer cuadro le pareció magnífico, pues en unas sábanas blancas yacen las piernas también blancas de una mujer.

El artista acentúa con colores oscuros las sombras del cuerpo dando la sensación de estar mirando el acto en ese momento. Judith sostiene en sus manos un hacha con la cual corta en un tronco la cabeza de Velarde. La sangre parece caer lentamente sobre el pedazo de madera y ella puesta un camisón continúa de espaldas con la herramienta que le quitó la vida.

Escobar, de 53 años, admiró las obras por más de una hora y se detuvo frente al Solitario George. Era la tortuga, pero en lugar del caparazón tenía una paleta con varios colores. Era Velarde sobre una cima de césped. “Yo soy como esa tortuga, solitaria, me gusta estar así porque es cuando la inspiración llega y puedo seguir creando mis exposiciones”, concluyó el artista guayaquileño, que nació en 1960 y obtuvo el Premio del Salón de Julio, de 1993.

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