5 de October de 2012 00:02

Tradición y sincretismo, que no acaban

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Lo primero que captura la vista es el color, una explosión de tonos que ya observada en detalle se hace de intensidades, de espacios saturados y que en algunos casos apunta a la psicodelia. Las formas van de lo tosco y antiestético, al óleo trabajado y a la piedra esculpida hasta su esencia. Así, la muestra artística, parte de las actividades de la IV Bienal de Arte Indígena, se abre al espectador en las salas de la Casa de la Cultura.

Hablar de arte indígena supone hablar de las prácticas a través de las cuales el individuo busca la comunicación con su espíritu o la comprensión del universo; tiene una carga ritual y otra como transmisor de cultura, que conserva peculiaridades físicas y espirituales para educar a la comunidad. El arte indígena, aunque suela confundirse con la artesanía y las artes decorativas, difícilmente se relaciona al objeto artístico (algo más emparentado con las visiones occidentales del arte).

Se trata de una expresión que, salvo contadas experiencias, no ha sido valorada desde parámetros estéticos y artísticos; pues la lectura de estas piezas se ha hecho bajo el lente de las ciencias sociales, o según criterios de antropología cultural. Es que en muchos casos parece que la obra pictórica condensara un pensamiento, una cosmovisión.

La mayoría de piezas no pretenden mostrar originalidad, sino la continuidad de una tradición. En algunos casos se retrata la cotidianidad y la fiesta. Esto a pesar de que tras la aculturación, resultado de los procesos de conquista y coloniaje, las poblaciones aborígenes vieron cómo sus manifestaciones artísticas fueron objeto de transformación; algo que devino en formas de sincretismo. Formas que aún siguen multiplicándose y adaptándose, sin remilgos, a las dinámicas actuales.

Algunas de estas piezas asumen lo ‘naif’ para expresarse, mientras otras se hermanan con la piedra y los elementos de la naturaleza. Algunas aceptan las referencias hacia la pintura artesanal, con ese colorido y suma de elementos, dispuestos indistintamente en diferentes niveles sobre el soporte. Sin embargo, también se cuentan piezas que denuncian la situación del hombre, los atropellos del consumo, los excesos del poder. Si bien persiste una vinculación con las prácticas y los materiales ancestralmente trabajados por los indígenas, por ejemplo, las formas geométricas sobre textiles, también hay una apertura hacia otros lenguajes del arte: el arte objeto y la instalación.

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