14 de June de 2010 00:00

El teatro en Guayaquil se hace en sitios pequeños

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Redacción Guayaquil

El uso de espacios pequeños se vuelve una alternativa para que los grupos de teatro sigan vigentes en Guayaquil. De esta forma, reducen los costos que representan el montaje de una obra.Sarao, Teatro Experimental Guayaquil, Kurombos, Arawa, Muégano, Gestus, Fantoche, La Mueca, El Teatro de la Casa, Tatarantán, Titiripán, Matapalo y Mímesis son algunos de los grupos que se presentan en sitios calificados como alternativos.

Marina Salvarezza, actriz, directora y profesora, señala que es oneroso tener que, por ejemplo, solventar un teatro. Se necesita de mantenimiento, técnicos y administradores. Hay que cubrir daños y hacer reparaciones.

Una sala pequeña, para unas 100 personas, representa gastos de entre USD 3 000 y 4 000 al mes. Para financiar ello, tendría que haber un boleto de USD 50, que es caro para el medio.

Hace dos meses, los integrantes de Fantoche, creado en 1999, decidieron rentar un espacio en la zona rosa, centro de Guayaquil. Es un departamento grande al que acondicionaron para que sea un sitio de presentaciones, ensayos y talleres.

Como cuenta Ruth Coello, integrante de la agrupación, para garantizar una actividad sostenida dejaron los espacios de presentación grandes y optaron por uno pequeño. Se presenta como un sitio alternativo que permite interactuar con el público. Los asistentes se ubican en sillas y cojines. Unas 80 personas pueden ingresar cómodamente.

Otro ejemplo es Sarao. Tras superar una crisis el año pasado, continúa arrendando una casa en el sector de la Kennedy Vieja. Luis Mueckay, director, reconoce que dieron un giro en la gestión del centro, lo cual fue una debilidad de muchos años.

Su hermana, Pilar, es ahora la gerenta. Ella señala que para costear gastos y tener presupuesto para operar, decidieron diversificarse. Ahora, en Sarao se presentan grupos de música, de teatro o danza y se hacen talleres. Para atraer público infantil dan prioridad a las obras infantiles. En estos días presentan ‘Caracol y Colibrí en el valle del Silencio’.

La Mueca, creada en 1984, marca una diferencia. Tres o cuatro días a la semana, de jueves a domingo, el grupo tiene presentaciones en el teatro El Ángel, norte de Guayaquil. Esta infraestructura es de su propiedad, lo que permite reducir gastos.

Hay montajes que han durado un año en escena. ‘Maestra vida’, de Rubén Blades; ‘Taxi coca’, ‘Secuestro exprés’ o ‘Mujer o nunca’ son algunos. Oswaldo Segura, integrante del grupo, señala que para estar vigentes y tener la aceptación del público presentan contenidos que son divertidos y, además, que sintonizan con el humor y la idiosincrasia del guayaquileño.

Destaca la constancia del grupo y la metodología de trabajo que tienen, tipo cooperativa. Todos hacen muchas cosas, desde recoger los boletos hasta manejar las luces. Además, los integrantes trabajan a porcentaje.

Titiripán, Matapalo y Mímesis son grupos que prefieren los espacios pequeños para sus presentaciones.

Cristian Cabrera, actor y director de teatro, mira a las salas independientes como alternativas ante la falta de espacios teatrales. Si bien señala que en esta parte el Estado pudiera tener una intervención, plantea que hay que ser creativo y que se debe gestionar más, que ya no exista esa visión quijotesca de hacer teatro.

El teatro de Fedenador es a veces inalcanzable por los costos. Hay poca o casi ninguna actividad teatral en el Centro Cívico, actual Centro Cultural Eloy Alfaro. Espacios como el Teatro José Martínez Queirolo de la Casa de la Cultura no abren en un 100%.

Mientras que hay sitios como el teatro del Colegio Vicente Rocafuerte, para unas 200 personas, que tiene casi ningún uso.

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