Savater da una lección de periodismo

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Verónica Chiaravalli. La Nación, GDA

El libro comienza con una breve lección de periodismo que es, a la vez, una declaración de principios.

En 'Figuraciones mías' (Ariel) Fernando Savater reúne parte de su prosa de prensa: textos sobre temas variados, desde semblanzas de algunos de sus escritores preferidos (Cioran, Shakespeare, Bradbury) hasta los problemas éticos que plantean las tecnologías digitales de comunicación, pasando por el sentido (y los desvíos) de la educación. Son piezas cortas unidas por un mismo espíritu que defiende los valores de la Ilustración.

En el prólogo titulado La penitencia del texto, Savater hace una serie de consideraciones sobre la forma de escritura que cultivará en las ciento cuarenta páginas siguientes, el artículo periodístico, y analiza las cualidades que distinguen a un buen artículo y, por lo tanto, a un buen articulista. Lo significativo es que cada una de esas características formales encuentra su correlato en algún valor ético o en alguna conducta moral.

Por ejemplo, el primer requisito de un buen artículo sería la rigurosidad, que en la escritura se traduciría en disciplina y, respecto del contenido, en responsabilidad. El artículo tiene un destino político, pues se debe a una comunidad, lo que convierte al articulista en una suerte de servidor público: "Sus textos cumplen una función didáctica o lúdica pero siempre social. Nadie es tan arrogante o tan imbécil como para decir que escribe sólo para él mismo".

Luego, la brevedad, que se puede asociar con la humildad y con la compasión. Aquello que creemos haber reducido a su expresión más concentrada casi invariablemente mejora con la poda sensata que sugiere un buen editor. "En la brevedad se encierra cierta dosis de humanismo; un reconocimiento de la condición humana que implica la siempre cercana mortalidad." Enemiga sólo en apariencia de la brevedad, Savater destaca también la importancia de la voluntad de escribir con estilo. Esto sería un gesto de cortesía hacia el lector: formular las propias ideas con un sentido estético implica "tomar tan en serio la seriedad que se considera necesario hacerla más soportable".

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