Recuerdos de la última visita de Gelman a Quito con Xavier Oquendo

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Redacción Cultura

  • TUITCAM CULTURAL

Xavier Oquendo Troncoso habla sobre la obra del poeta argentino, quien estuvo invitado al Festival Poesía en Paralelo Cero en el 2013, en Quito

Adiós a Gelman, poeta del destierro y el dolor

El Universal, GDA

Los amigos que se dieron cita en el Palacio de Bellas Artes, el 30 de septiembre de 2012, para celebrar a Juan Gelman por la recepción de la Medalla Bellas Artes, enfatizaron sus virtudes poéticas y sus valores humanos. Lo llamaron: “defensor de la voz callada de la poesía”, “uno de los poetas fundamentales de América” y “combatiente de la injusticia”.

Ese poeta que en vida dio una larga batalla en busca de la verdad y la justicia en Argentina, su patria natal, murió ayer a los 83 años, en su casa de la ciudad de México, su otra patria, a la que llegó en 1976.

Los restos del también traductor que murió víctima de un síndrome mielodisplásico, informaron sus familiares, serán velados hoy desde la mañana en la Funeraria García López, ubicada en General Prim, en la colonia Juárez. Y según su familia, no se planean actos oficiales.

El poeta y periodista nacido en Buenos Aires, Argentina, el 3 de mayo de 1930, era considerado un ciudadano del mundo, el más estético y ético de los poetas contemporáneos; el más intimista y desgarrador con sus versos, un creador que hizo de la poesía una voz reflexiva y lúdica, inventor de palabras y reglas gramaticales, un autor que utilizó la poesía para encontrar a sus vivos, hacer descansar a sus muertos y sanar del dolor.

En una entrevista con EL UNIVERSAL, en noviembre de 2011, a propósito de la salida de sus Obras Reunidas —dos volúmenes con cerca de mil 400 páginas publicadas por el Fondo de Cultura Económica— y la salida del único libro infantil que publicó en su vida: La araña y el ciempiés (Conaculta), el poeta argentino mexicano dijo:

“¿Escribir para qué? Escribo para enterarme de lo que me pasa, nunca lo pienso antes, sé que hay algo que me lleva y necesita salir, pero no pasa todo el tiempo, son como obsesiones que me llevan a escribir, pero no sé lo que es escribir cuando escribo y muchas veces no sé lo que escribí y por qué lo escribí. No hay nada preconcebido”.

El ganador de los más importantes premios literarios: el Premio Reina Sofía de Poesía de 2005; el Premio Cervantes de Letras en 2007; el Premio Juan Rulfo en 2000; y del Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde en 2004, hizo una de sus últimas apariciones públicas a finales del pasado mes de agosto.

En Buenos Aires, presentó Hoy, un poemario que reúne casi 300 textos poéticos escritos por Juan Gelman tras conocerse la condena de los asesinos y torturadores que trabajaron en el centro de detención clandestino donde fue asesinado su hijo, Marcelo Ariel, en 1976. El descubrimiento de la verdad, la exigencia de justicia para los culpables y la búsqueda de su nieta Macarena fueron las grandes batallas humanistas de Juan Gelman.

Escribía también para no olvidar

Ese último domingo de septiembre, su amigo y colega Hugo Gutiérrez Vega le dijo a Juan Gelman: “Sigue tu camino de independencia y de lucha, sigue defendiendo a tus muertos y tus vivos y a tus renacidos”.

Y remató con la lectura de uno de los muchos poemas que Juan Gelman le escribió a su hijo Marcelo Ariel, desaparecido en 1976 por la dictadura militar argentina. Con la voz quebrada, Gutiérrez Vega le dijo: “Pinche Juan, siempre me haces llorar; ¡carajo!”.

Ese carajo está hoy en la boca de muchos admiradores y lectores de sus libros de poesía, algunos emblemáticos como 'El emperrado corazón amora', 'Cólera buey', 'Bajo la lluvia ajena' y 'Hoy', del que Jorge Bocannera, su amigo, dijo: “Es una de las propuestas más reveladoras de los últimos tiempos, una suerte de ‘Guernica’ de las palabras”.

Esa colección de “pulidas joyas diminutas” que hablan del duelo por la pérdida del hijo, la condena de los asesinos y la perversidad del mundo, retratan a Gelman, el poeta y traductor que entrevista con este diario señaló acerca de si los poetas son incomodos:

“Lo que sé es que en Argentina, con la dictadura militar desaparecieron más de 120 escritores. Luego, a un militar de Córdoba se le ocurrió hacer una quema de libros en la que estaba El Principito; en ese caso le doy la razón, es un libro tan tierno que es insoportable para el poder militar tanta ternura. Hicieron bien en quemarlo”. Ese era Juan Gelman, el poeta que escribía para vivir.

“Hay algo que dijo (Marina) Tsvetáieva, la poeta rusa que el estalinismo aniquiló, ella dijo que había poetas que vivían para escribir y otros que escriben para vivir. A mí me pasa lo segundo, sin críticas para los primeros, cada cual es cada cual”, dijo alguna vez.

Adiós a Juan Gelman, un poeta que nunca creyó en la perfección ni tampoco nunca le satisficieron del todo sus poemas; por eso fue constante su lucha tanto en el proceso creativo como en la exigencia de justicia.

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