26 de June de 2011 00:04

¿En realidad existió la Escuela Quiteña?

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Dos devociones se extienden sobre la calle Cuenca, en Quito. La una, de tipo religioso, la conforman varios frailes del convento de San Francisco. Su devoción cristiana es compartida por un pequeño grupo de monjas que se refugia ascéticamente en el convento de Santa Clara. Tanto los frailes como las monjas acogen, en sus respectivos hogares, una segunda devoción. Esta es de un carácter, si bien religioso, también artístico. Se trata de una colección de pintura e imaginería colonial.

Y es que la calle Cuenca se ha convertido en este gran espacio que alberga a dos grandes muestras de la producción artística colonial quiteña. La una, ubicada en el Museo Fray Pedro Gocial (iglesia de San Francisco), e inaugurada este viernes, está compuesta por alrededor de 250 obras, denominada “El esplendor del barroco quiteño en San Francisco”.

El otro foco artístico es el de las monjas de Santa Clara, quienes hace dos semanas abrieron las puertas de su monasterio para que el público visite la muestra ‘El esplendor del barroco quiteño’. En este lugar se exhiben alrededor de 60 objetos entre cuadros, esculturas y pinturas murales.

Junto a estas dos, el convento de Santa Catalina (ubicado en las calles Espejo y Flores) alberga a 100 piezas del barroco quiteño, desplegadas a lo largo de cuatro salas de exposición.

Estos tres lugares de exhibición han revivido un cuestionamiento que se viene dando entre los estudiosos desde los años 80: la existencia o no de una Escuela Quiteña. Es así que mientras unos se empeñan en defender la Escuela Quiteña’, otros prefieren hablar de un ‘Arte colonial quiteño’.

Los partidarios

Para Adriana Pacheco, catedrática e historiadora del arte, señala que el término “Escuela Quiteña se utiliza como una denominación que pretende identificar a una imagen propia de un sitio”. Según ella, la Escuela Quiteña tiene pleno rigor en tanto tiene ciertas características propias en su quehacer artístico. En su opinión, para poder definir a esta escuela no son válidos los parámetros con los que se definen a las escuelas europeas. “Los procesos históricos que se dieron en el arte quiteño y el de las escuelas europeas son distintos. No es del todo preciso señalar lo que fue la Escuela Quiteña a partir de los parámetros con lo que se juzgan a las escuelas europeas”, señala.

Al respecto, la investigadora Alexandra Kennedy Troya enfatiza que la Escuela Quiteña tiene plena existencia si se la enmarca en un plano tanto posicional como histórico. A su parecer, la Escuela Quiteña (que se extendió entre Santafé de Antioquia, al norte, y Trujillo, al sur) “es exclusivamente aquello que se afianza en el siglo XVIII, al final de la Colonia, y que va a seguir produciéndose hasta 1840 más o menos”. Para Alexandra Kennedy, “el pensar una escuela antes o después de estas fechas es insostenible”.

En cuanto a las características de las obras, tanto Kennedy como Pacheco coinciden en que uno de los rasgos que diferenciaba a los trabajos de la Escuela Quiteña con los de las otras escuelas de la región era el tallado y expresión de los rostros que eran “dulces”.

Los opositores

La principal crítica que se realiza al término Escuela Quiteña es su influencia en los distintos géneros artísticos que se dieron en la Colonia. Sobre esto, Alfonso Ortiz, miembro fundador de la Sociedad Ecuatoriana de Historia del Arte y correspondiente de la Academia de Bellas Artes de Argentina, señala que “si hay una escuela, debe englobar todas las manifestaciones del artísticas”.

Es así que Ortiz prefiere el término “arte colonial quiteño” en vez de Escuela Quiteña. “Nuestra historia está llena de mitos, y uno de ellos es el de la Escuela Quiteña”. Él afirma que dicha escuela fue la creación de literatos como Juan León Mera. “Yo no he encontrado en ningún historiador serio que hable de una definición seria de la Escuela Quiteña”.

La falta de historiadores del arte es una de las causas para que, según Ortiz, no se pueda hablar con total certeza sobre la existencia de una Escuela Quiteña.

Junto a Ortiz, la historiadora Carmen Fernández-Salvador escribe en su libro ‘Arte colonial quiteño’ que la categoría Escuela Quiteña “es una imagen idealizada de ese pasado (colonial)”.

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