24 de September de 2012 00:03

La radio, un reto para los académicos

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El proyecto de Ley de Comunicación llega con un gran desafío para los compositores académicos: lograr que sus partituras sean registradas en formatos fonográficos para así cumplir la cuota del llamado ‘1x1’ que contempla el artículo 108 de este proyecto. En otras palabras, los creadores deberán grabar sus obras para que, con éstas, las radiodifusoras logren cumplir lo que propone el artículo: la música producida, compuesta o ejecutada en Ecuador, deberá representar al menos el 50% de los contenidos musicales (de los programas musicales que éstas emitan).

Aun cuando dentro de la misma Ley habría la posibilidad de que las estaciones “de carácter temático o especializado” estarían exentas de esta obligación -como es el caso de aquellas que emiten únicamente música académica, según señala el catedrático de Derecho Andrés Morales-, no está de más mirar la panorámica de este género con respecto a los compositores ecuatorianos.

El panorama se torna desalentador al respecto. Son muy pocos los creadores nacionales que, radicados en el país, han logrado registrar sus obras en alguna clase de formato fonográfico. Situación que difiere de aquellos llamados “músicos de la diáspora” como se conoce a esos compositores o intérpretes autoexiliados, ya sea por cuestiones de estudio o por razones personales. Entre estos últimos nombres como Mesías Maiguascha o Arturo Rodas (residentes en Alemania e Inglaterra, respectivamente) forman parte del listado que incluye a aquellos que han podido registrar su música para la posteridad.

¿Pero qué ha ocurrido para que esta posible falta de interés por grabar se haya generalizado entre los ecuatorianos? Sobre esto, el compositor y etnomusicólogo Pablo Freire ofrece una primera respuesta: no existe una masificación cultural de nuestras música, lo que lleva a los compositores a tan solo escribir y dejar de lado la parte interpretativa. Su caso en particular es curioso. Durante estos días, en el marco del Festival Música Viva 2012 (que comienza hoy y reúne a creadores académicos contemporáneos), su obra Aguamarina va a ser interpretada por las orquestas sinfónicas de Loja y Cuenca. La misma fue escrita en 1990, estrenada en el 2000 e interpretada por segunda y tercera ocasión en el presente año. De sus obras, según comenta, tan solo un 20 por ciento ha sido interpretado.

Algo similar ocurre con el compositor y director asistente de la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador (OSNE), Jorge Oviedo. De sus cerca de 40 obras, tan solo un 15 por ciento ha logrado escucharlas interpretadas por una orquesta. Y no ha grabado ninguna de ellas.

A su criterio, que el proyecto de ley proponga más espacio en las estaciones de radio es un verdadero reto para los compositores pues “nos veríamos en la tarea de ensamblar nuestras obras y grabarlas. Esto permitiría captar a un público que está por recuperarse, que tal vez, no ha encontrado algo nuevo que llame su atención hacia lo académico”.

Del otro lado se encuentra Julio Bueno. Aunque un diez por ciento de sus aproximadamente 30 obras ha sido interpretado por orquestas, todas sus creaciones se encuentran grabadas en formato digital. Esto gracias a que las nuevas tecnologías posibilitan el ensamblaje de una partitura sin la necesidad de tener músicos interpretándola.

Gustavo Lovato, director musical de la Casa de la Música y profesor de la Universidad de los Hemisferios, apunta que el proyecto de ley “se encamina a una redefinición de lo que es la radio; un nuevo planteamiento, en el caso cultural, de lo que se debe transmitir”. Para él, la posibilidad de escuchar música académica ecuatoriana en las radios es el inicio de una nueva educación en este ámbito en el público nacional.

A Sergio Alvarado, director de Radio Clásica, sí le preocupa el ‘1x1’. Aún cuando dentro de la programación de ésta existe un espacio destinado a obras grabadas en elTeatro Sucre, él afirma que esto no sería suficiente para poder satisfacer la demanda de sus radioescuchas.

“Yo diría que desde México hasta Chile ningún país podría cumplir con la cuota de ofrecer 50% de música académica nacional y 50% de extranjera”, dice Alvarado sobre lo que propone el artículo 108 del proyecto de ley.

Así, el registro sonoro académico del Ecuador tiene una gran deuda frente a sus compositores. Hay obra, pero no grabaciones.


25 años del   Música Viva

La idea de hacer un festival de música académica contemporánea en Ecuador nació hace ya 25 años, en 1987, por iniciativa del Departamento de Investigación, Creación y Difusión Musical del Conservatorio Nacional de Música, con su sede en Quito.
 
Para este año, y bajo el título Festival Música Viva, este encuentro con los compositores ecuatorianos reúne a creadores con diversos estilos.
Influenciados por el vanguardismo, el neonacionalismo o  el impresionismo -por mencionar algunas corrientes-, 28 creadores residentes en el país y en distintas latitudes ofrecerán sus partituras  en seis días de concierto.

Las obras serán  interpretadas por la OSNE; orquestas sinfónicas de Guayaquil, Cuenca y Loja; agrupaciones de cámara; y el Ensamble Aventure, de Alemania.
 
Durante el festival, más de 60 composiciones serán presentadas al público congregado en Quito, Guayaquil, Cuenca y Loja. Además se realizarán conversatorios con varios académicos, quienes disertarán sobre temas como La composición asistida por computadora;  El compositor y su obra;   Música experimental y cine; Sistemas de composición musical, entre otros. Estos se realizarán, en Quito, en la Asociación Humboldt.

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