El quehacer teatral aún afronta trabas burocráticas

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Diego Ortiz. Redactor

Empresa titánica consiste en conocer con certeza cuantas piezas teatrales se escribieron o presentaron en los escenarios nacionales. Cien, doscientas, trescientas... Nadie es capaz de dar una cifra exacta. Una de las razones de este desconocimiento radica, en gran parte, en la falta de un registro de lo que sucede en las artes escénicas en el país. A esto se suma el hecho de que los actores, dramaturgos y todos aquellos relacionados con el arte sobre las tablas no están agremiados, o bien no se tiene un censo que permita conocerlos a todos a profundidad.

Estos son solo algunos datos que aparecen días antes de que en Ambato, entre el 8 y 9 de febrero, se realice el Pre Encuentro Nacional de las Artes Escénicas. Durante esta cita se tratará de elaborar el plan general de trabajo que guiará las actividades de este gremio. El mismo entrará a debate por las diferentes agrupaciones del país que, según lo programado, se reunirán en una suerte de gran congreso independiente en Riobamba hacia junio de este año.

Antes de que los 32 delegados nacionales se reúnan en la capital tungurahuense, este Diario entró en contacto con cinco actores o dramaturgos que, desde la escena independiente (en la mayoría de los casos), dan sus opiniones sobre el oficio teatral. Ellos son: Daniel Alcoleas, director de La Puerta Títeres y Teatro; Carlos Quito, director de la corporación Quijotadas; Jorge Mateus, director de la carrera de Artes Escénicas de la Universidad Central del Ecuador; Juana Guarderas, de la corporación cultural Patio de Comedias; y Marcelo Luje, de la Asociación Nacional de Artes Escénicas Asoescena.

Al hablar con los cinco artistas, todos coinciden en cuatro puntos esenciales que impide un correcto desempeño de su oficio. La necesidad de una ley de artes escénicas, la educación actoral, la falta de espacios teatrales y el establecimiento de un adecuado régimen laboral son los grandes temas para quienes, sean o no participantes del Pre Encuentro, deben entrar en la agenda de discusión de manera urgente.

Pero estas inquietudes no son únicas de quienes se encuentran ya sobre los escenarios. Estudiantes de artes escénicas, bien sean estos universitarios o miembros de alguna escuela independiente, también tienen las mismas dudas que sus maestros. Inquietudes como "no sabemos qué pasará cuando aparezca la Universidad de las Artes", "¿dónde montamos nuestras obras? o "¿qué estudiar luego para no ser olvidados por el Estado?" se cuelan constantemente en su discurso. Ellos no quieren reproducir los paradigmas sino innovar toda la gestión subyacente a la oficio del actor.

Una ley de artes escénicas

En 2009 se inició el debate en torno al proyecto de Ley de Culturas. Un documento a través del cual se pretende respaldar la producción, difusión y conservación de las prácticas artísticas realizadas en el país. Pero esto parecería ser suficiente para los teatreros, quienes demandan del Estado la creación de una Ley de Artes Escénicas. El mismo, según indicaron dos de los entrevistados, incentivaría la creación de una suerte de Consejo de Artes Escénicas, institución que debería tener las mismas funciones que cumple el ahora Consejo Nacional de Cinematografía.

Con la creación de una ley y un consejo se podrá seguir, como dice Alcoleas, "con un trabajo continuo en el teatro". Luje y Quito concuerdan en que el cambio de los gobiernos de turno desestabiliza acuerdos realizados con distintas instituciones.

La falta de espacios teatrales

Además de ser actriz, Juana Guarderas es también programadora de la sala Patio de Comedias. Gracias a este oficio ha notado que la actividad teatral nacional ha aumentado considerablemente, al punto de tener hoy casi lista una cartelera con actividades hasta marzo del 2015. Pero, como es conocido en el teatro, el circuito de una obra incluye un recorrido de, por lo menos, tres salas en un semestre. Solo así se pueden sustentar los gastos que implica el montaje de una pieza. Guarderas es clara en que tal situación no sucede. Hay pocas salas en el país. A su comentario se suman Alcoleas y Luje, para quienes las salas son escasas en el momento de montar un proyecto que llega desde las agrupaciones independientes (que muchas de las veces no cuentan con los fondos necesarios para cubrir gastos).

La educación actoral

Para julio de este año, la Universidad Central del Ecuador abrirá el primer ciclo de su maestría en actuación teatral. Así lo confirma Mateus, para quien la oferta de esta especialización logrará suplir algunos de los requerimiento educativos que actualmente se les exige a los actores que quieren ingresar a los centros educativos como profesores.

Pero el teatro no solo está compuesto de actores. Maquillistas, escenógrafos, iluministas, sonidistas, etc., son otras profesiones con una vinculación directa con el quehacer teatral. Campos de los cuales se tienen pocos especialistas aquí, mucho menos personas que puedan acceder a una educación especializada en estas áreas.

Asimismo, actores y estudiantes demandan que se refuerce el régimen educativo actual. Luje comenta que en varios centros pedagógicos la infraestructura es obsoleta.

El régimen laboral

La autoafiliación al Seguro Social, o bien ser profesores a tiempo completo en una institución educativa o cultural, son las únicas formas a través de las cuales los artistas escénicos han obtenido beneficios estatales. Es por eso que una de sus principales inquietudes es establecer una federación nacional de las artes escénicas, que entre sus objetivos estaría no solo vigilar por la salud de sus agremiados sino, también, guiarlos al respecto de temas como los derechos de dramaturgia y los de interpretación.

"Solo con un proyecto similar se podrá eliminar las peñas solidarias", asegura Guarderas. Para ella es impensable que constantemente se den casos como el de Martha Ormaza, quien para su último tratamiento de salud tuvo que recurrir al arte como fuente de ingresos para pagar gastos de salud.

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