23 de April de 2012 00:01

El protagonismo estudiantil está en la obra del Teatro Malayerba

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‘Jardín de pulpos’ tiene una estrecha relación con la vida del Teatro Malayerba. Segundos antes de que esta obra sea puesta en escena, su dramaturgo, Arístides Vargas, toma la palabra. Explica que en esta nueva temporada -que se extiende hasta el 6 de mayo- el público podrá conocer a la pieza teatral que “permitió comprar este espacio”. Él se refiere a la casona de tres pisos ubicada frente al Churo de La Alameda, en el Centro de Quito.

Aunque parezca anecdótico que una obra haya posibilitado un proyecto como el del Malayerba, lo cierto es que ‘Jardín de pulpos’ engancha los sentidos del espectador con el escenario. Muestra de ello es que, hasta el momento, en estas siete semanas en cartelera el público ha llenado la sala.

Sobre la puesta en escena, lo que atrae es la democracia actoral en la que se ha centrado esta nueva edición de ‘Jardín de pulpos’. En esta ocasión, 10 estudiantes del laboratorio Malayerba dan vida a la obra. Ninguno posee exclusivamente el papel protagónico. Cada vez que se encuentran debajo del reflector tienen la oportunidad de ser José, un hombre que ha perdido la memoria, o toman el rol de una mujer que ha perdido la razón.

Aunque el director sea el sempiterno Arístides y que la obra tenga 20 años de vida, su trama no ha perdido ese aire de contemporaneidad.

Pero lo más actual de toda la obra es la música de los inmortales Beatles. Canciones como Yellow Submarine (cantada en español) u Octopus Garden posibilitan una lectura contemporánea de una pieza teatral que tiene la presencia constante del músico que, cual búho, mira desde lo alto lo que ocurre sobre las tablas del Malayerba. Allíél toca su sintetizador y funge de DJ.

El recurso audiovisual también cuenta y es por ello que la obra empieza con la proyección de un video en el que aparecen los rostros de los desaparecidos. El drama de las Madres la Plaza de Mayo es una de esas imágenes. También están los hermanos Restrepo.

La violencia es la que marca el tono de la obra. Al tratar de recuperar su memoria, José es llamado a soñar por la mujer a quien todos han llamado loca. Esa será la excusa para recordar su infancia (sus locos tíos), su adolescencia (el despertar sexual) y su madurez (el olvido de su pasado).

En cada una de estas etapas, los abusos y la violencia son los que han marcado la vida de José, quien, a la final, es uno de los tantos que ha sufrido los excesos de poder de las dictaduras.

Las funciones se realizan de jueves a sábado, a las 20:00, y el domingo, a las 18:30. La duración de esta obra es de aproximadamente 80 minutos.

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