18 de June de 2011 00:01

La poesía actual registra nuevas sensibilidades

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La poesía es, ante todo, indagación. El poeta en búsqueda de una voz propia, una voz que le permita capturar el fulgor del mundo en una frase, en una imagen. El poeta jugando con las palabras, contemplando y conversando, el poeta lírico, el poeta coloquial. Pero cómo se corresponde esa búsqueda con el momento actual, hay -acaso- cambios en los registros de la poesía. Cómo comprenden el mundo y su vértigo, las sensibilidades de los poetas; cuánto han marcado las nuevas tecnologías las relaciones con el lenguaje.

El poeta ambateño Juan José Rodríguez apunta un cambio de sensibilidad en el mundo, al que alguna poesía está atenta. Esta nueva sensibilidad tiene que ver con la cultura virtual o con la actual idea de la Historia (vista como una especie de presente constante, desde la simultaneidad). Asimismo considera que este cambio de sensibilidad se debe trabajar no solo con nuevas temáticas, sino nuevas sintaxis, un nuevo fraseo, distintos ejes... “La idea misma del verso entró en crisis”.

En el caso del poeta boliviano Gabriel Chávez Casazola, él busca una poesía menos ensimismada, de menos trabajo sobre la palabra como tal, una poesía más abierta, más clara. “Los poetas hemos encerrado demasiado a la poesía, la hemos alejado de la gente; pero hay una pulsión por salir y ser más inteligible, por tocar al otro”.

Es decir, dejar de ver a la poesía como algo sublime, algo de la otra orilla, para hacer de ella un diálogo, algo cotidiano. Desde ese punto de vista, el poeta César Carrión afirma que el entendimiento de lo lírico está divorciado de la dependencia a lo sublime, a lo hierático, puro y bueno. “Si ha cambiado nuestra percepción del mundo, también cambia nuestro entendimiento de lo estético, de lo bello, y la forma de expresarlo”. Es una cuestión -añade- que está siendo problematizada.

Chávez Casazola halla que, desde enfoques distintos, los poetas están compartiendo esta tendencia. Se trata -dice el boliviano– de un equilibrio entre la actitud lírica y una contemplación más abierta; no de un poeta bucólico encerrado y echando truenos apocalípticos, sino de un poeta de la calle, que va al cine, que conversa. No una poesía para poetas.

Sin embargo, Carrión señala que hay que tener cuidado con el ‘acercamiento al lector’, pues un lenguaje más sencillo, una estética más clara y conversacional, puede llevar una impronta política. Para él, el lector contemporáneo exige más, pues tiene otro tipo de sensibilidades (más que nuevas, fragmentadas). “Sí, hay un cambio, los nuevos lenguajes se deben a los nuevos lectores”, pero aclara que los anteriores no han desaparecido, sino que conviven y hacen el escenario más rico.“Conviven muchos registros; son distintas tradiciones y son distintos usos, no se trata de que una tenga privilegio”

Citando a Eliot, el poeta Santiago Vizcaíno dice que la poesía responde al sentimiento de una época, puede resultar que lo coloquial sea precisamente lo lírico, si es que en el uso coloquial se halla la belleza. “Sin duda el diálogo cotidiano, el habla, es el alimento de la poesía, mas no es poesía, lo importante es el uso que se le da a esa expresión diaria”. Es que la poesía actual se escribe con palabras nobles y palabras bastardas, un vocabulario nacido del uso. Pero el poeta transmuta ese lenguaje común; pues la esencia de la poesía está en la multiplicidad del sentido, la palabra que trasciende su significancia unívoca: el poema que siempre puede ser otro y otro y otro y seguir siendo el mismo.

En cuanto a lo localista y a lo global en la poesía, se puede hallar una infinidad de referencias, esto debido a la proximidad y fácil acceso a la información. Para Rodríguez, la universalidad de la poesía se trata más bien de un trabajo de la subjetividad y de sus relaciones con lo culto, lo popular, con las diferencias sociales y étnicas. Por su parte, Vizcaíno declara que “el escritor, el poeta, es un ladrón del discurso universal”.

Carrión apunta que las nuevas tecnologías han influido en que el diálogo entre las artes sea más intenso, por la combinación de soportes y de lenguajes, y porque hay un juego de referencias más claro. Vizcaíno se considera hijo de un mestizaje virtual y dice que ello ha modificado las relaciones con el lenguaje. Rodríguez, en cambio, habla de nuevas formas para dar a conocer los textos, y de nuevas dinámicas de reflexión.

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