28 de April de 2012 00:01

La pieza de arte como una encarnación sagrada

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 3

Desde la loma coronada por el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) se miran la cúpulas de esa ciudad conventual que coexiste en Quito. Sin embargo, la eucaristía se distanció de los templos, para desarrollarse en el interior del otrora Hospital Militar.

En el centro de un patio interno, una larga mesa recibió a los comensales. En la cabecera, los artistas Clémentine Beaugrand y Antoni Collot, que con esta cita inauguraban su exposición. Como cena: pasajes de la Biblia impresos sobre hojas de hostia.

Una cuarentena de personas recibió los folios con la palabra sagrada y, tras una breve invitación, bocas salivaron, dientes masticaron y gargantas engulleron. Era la ingesta de la palabra de Dios, era comer el cuerpo de Cristo, era la comunión con los que compartían la mesa. Era la forma de ver el arte desde la propuesta de Beaugrand y de Collot, como una encarnación, como algo no banal, sino algo sagrado.

En el acto no cabe la mera irreverencia, sino que se apunta hacia el origen mismo del texto bíblico, es una lectura más directa, que se interpreta de una manera más viva y literal.

Similar ocurre con otras obras que el colectivo exhibe en las salas del CAC. Por ejemplo, está‘Apocalipsis’, donde los artistas se han dirigido al significado etimológico de la palabra que titula al postrero libro de la Biblia. Así, Apocalipsis va hacia la revelación de los cuerpos, a quitar el velo, a ponerlos al desnudo.

En el conjunto de la obra se advierten otras tantas formas de jugar con el sentido de lo sagrado, ya en referencia al arte, ya con relación a la religión. ‘Magdalena’ deja ver a Antoni Collot llorando frente a la cámara y expuesto ante el espectador. ‘La cabaña’ abre un espacio para que los visitantes intervengan en una breve construcción de madera que guarda uno de los objetos artísticos que Collot acostumbra sustraer de exposiciones alrededor del mundo (comprendiendo esa sustracción también el sentido sagrado de la obra de arte).

Mientras se recorre la sala, cada rincón es una nueva experiencia (meritoria la museografía), así se ingresa en una carpa plástica o en una oscura habitación donde en video se proyecta un acto ritual.

Las piezas expuestas han sido trabajadas durante años, pero también hay aquellas que se trabajaron exclusivamente para el Ecuador. Tomando como base el documental ‘El abecedario de Gilles Deleuze’, Clémentine y Antoni reparan en la letra ‘T’, que corresponde a tenis; entonces jugaron una partida con la línea equinoccial como red, uno en el hemisferio norte, otra en el sur. Más allá de puntos y servicios, escenificaban al pensamiento como un partido de tenis, como un encuentro de dialéctica, con proposiciones y contradicciones.

Otras piezas que se activan con la idea del Ecuador tienen que ver con la rotación de la tierra, en cuanto a una reflexión espacio temporal; o con el diario ‘Ecuador’, que el poeta Henri Michaux, escribió en 1928.

Y desde esta Mitad del Mundo, el arte contemporáneo, sacro o no, sigue proponiendo y calando.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)