14 de June de 2011 00:02

‘Lo peor que se puede hacer esquedarse callado’

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María Rosa Carrión Eguiguren, más conocida como Pepé Carrión habló en una entrevista con Ecuadoradio sobre su padre, Benjamín Carrión, y sobre la libertad de expresión. Usted puede escuchar la entrevista completa en Platinum (90.9 FM) y Radio Quito (760 AM) hoy, a las 08:00.

¿Cómo fue su infancia?

Nací en Francia cuando mi papá fue nombrado cónsul en El Havre. Mi papá, de toda su vida, desde cuando estaba en Loja, había soñado en Francia y en París. Su mamá hablaba francés porque en Loja, en los colegios las monjas eran francesas. A estas niñas les enseñaban a cantar La Marsellesa y no el Himno Nacional del Ecuador. Mi mamá también cuando llegó a Quito conoció que el Ecuador tenía himno, ella cantaba La Marsellesa y el Himno del Perú. Los cuadernos que llegaban a Loja eran peruanos.

¿Ud. recuerda Francia?

Tengo recuerdos muy borrosos de esa época. Mi papá entró un poquito en la línea diplomática porque de ahí lo mandaron de cónsul al Perú y él amaba ese país. Claro, las cabezas de familia de Loja son las cabezas de familia del vecino del sur, son muy cercanos, creo que más que al norte entre el Carchi y Colombia.

¿Cómo era Benjamín Carrión como padre?

Era el hombre más extraordinario. Siempre me tenía libros, el regalo que mi papá hacía era eso; un libro cada cumpleaños.

¿Y usted como hija?

Yo creo que bastante traviesa, un poquito subida de tono en todo. Tanto así que cuando este Gobierno decidió crear un Ministerio de Cultura y que todo lo que dependía de la Casa de la Cultura pase a ser un Instituto de Cultura, que se iba a dedicar a la edición de libros, es decir: una imprenta, perdí la cabeza. Vieja como soy, ya me ven con este pelo blanco, dije esto no puede ser.

¿Qué inspiró la creación de la Casa de la Cultura?

Le nace a papá esta teoría de la nación pequeña, que el tamaño del país no es tan importante, que sí lo era que la gente sea culta, colabore, que se meta en este campo y se transforme en la gran potencia cultural. Hablé con Alberto Acosta, que en ese entonces era presidente de la Asamblea de Montecristi, pero él dijo que no, que ahora el gobierno de la revolución ciudadana todo iba a ser en forma vertical, incluida la cultura, de arriba hacia abajo.

¿Qué implica esta disposición vertical de la revolución ciudadana y el socialismo?

El socialismo de antes era otro, que no es este socialismo del siglo XXI que yo no lo entiendo. El socialismo a la antigua yo podría decir que era todo lo contrario, era horizontal y no vertical.

¿Qué significa para usted la libertad de expresión como escritora?

Todo, por eso creo que coartar la libertad de expresión es como coserle la boca a una persona, amarrarle su pensamiento. No se puede coartar eso, es un crimen.

¿Cuál es la tarea para poder conservar la libertad?

Hablar, no callarse. Lo peor que se puede hacer es callar porque eso es, hasta cierto punto, aceptar lo que le imponen a uno y hay que hablar y protestar.

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