14 de July de 2011 00:04

La patria como necesidad y caricatura

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La obra de teatro ‘La República Análoga’ se plantea como una metáfora de la sociedad, valiéndose de un momento político-histórico ficticio, pero que retrata de cuerpo entero las taras y las trabas inherentes a todo cuerpo social.

La puesta en escena, a cargo de Malayerba, se mueve entre lo cómico y lo utópico, es decir en esa especie de sello de Malayerba.

La fundación de una nación a cargo de siete personas, con características extremas y diferentes, es el hilo alrededor del cual gira la trama. La atención del público está centrada en este punto.

‘La República Análoga’ mezcla la realidad con la utopía de un país donde prime la felicidad. Esta premisa es matizada, en escena, con los acordes del piano y la percusión, a manera de banda sonora, que acompaña esta historia llena de situaciones cómicas.

Luego de sus presentaciones en septiembre del año pasado, el grupo Malayerba pone nuevamente en cartelera una obra surrealista y poética, creada y dirigida por Arístides Vargas, con motivo del bicentenario de la independencia de América Latina.

El hilo conductor en escena está a cargo de Beatriz Olavaria (interpretada por Manuela Romoleroux), una poetisa que, según Vargas, tiene rasgos de distintas heroínas o poetisas latinoamericanas, que más bien dependen de la interpretación del público.

Ella llegará a la casa del señor Torres, acompañada de su novio Omar Toapanta, un sastre que vive con miedo hasta de hablar. A estos dos personajes se suman el cirujano plástico Carpio, investido con una violencia que pudiera llegar a ser grotesca; el filósofo y soñador Chester; un urólogo con problemas de frenillo, Morales, quien está junto a su pupila y traductora: Renza.

La trama va desarrollándose entre accidentes y desacuerdos, que son los que van constituyendo la nueva República. En medio de este escenario surgirán situaciones y sentimientos de traición y ambición, además de circunstancias violentas y de corrupción, que no dejan de ser jocosas. Todo en nombre del noble propósito de fundar una nación perfecta: feliz por sobre todas la cosas.

El vistazo a la realidad llega gracias a la interacción entre quienes están en el escenario con el público que mira atentamente desde la pequeña sala de Malayerba. La madre de Torres, interpretada por María del Rosario ‘Charo’ Francés, es la encargada de establecer y conducir esta relación. Ella es una anciana que les recuerda el precio de una lechuga o lo ilógico de sus ideales.

Ahí entra en escena el espíritu de una niña que llena de magia la situación; así interactúan en una escenografía que evoca a los salones de reunión, donde los próceres fraguaron la independencia.

Para Vargas, el que la gente “necesite que hablen de ellos, de lo que están sintiendo, de lo que está pasando, no fue el propósito inicial de la República Análoga, pero muchas veces las obras se independizan de los creadores y toman caminos propios, y esta es un ejemplo de ello”.

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