22 de April de 2010 00:00

En la obra teatral ‘Piel roja’, una mujer habla de memoria y mestizaje

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Redacción Cultura

Desde las butacas, una mujer ingresa al escenario vestida de rojo. El sonido de sus tacos sobre el tablado y la iluminación del espacio escénico anuncian el inicio de ‘Piel roja’, un monólogo interpretado por Valentina Pacheco.

Es una sesión de sicoanálisis en la que sus recuerdos y su entorno familiar y social construyen a esa mujer y revelan sus conflictos de identidad.Una reflexión sobre el mestizaje atraviesa la obra. La mujer siente un deseo irrefrenable de pintar su cuerpo de rojo, ocultar la blancura de su piel, la pertenencia a una patria y a una historia de sueños rotos. Con poesía y humor se narran episodios de su vida.

Sin embargo, la caracterización se queda ahí, solamente en el texto. Los diálogos se dicen, pero no hay mayor intención que la que contiene la palabra. Si bien, Pacheco interpreta al personaje en su infancia y asume la voz y el gesto de la madre, prioriza la profundidad del texto a la acción.

Para resolver esa falta de acción, se intentan juegos con el espacio escénico y con una inteligente escenografía. Esta, compuesta de estructuras móviles de aluminio y tela, se convierte en una celda que encierra o en una máscara que oculta los pensamientos y los recuerdos de la mujer.

Una sombra camina por fuera de ese espacio, a momentos lo invade y con sonidos leves o silbidos, se convierte en el único interlocutor de la protagonista.

Marilú Vaca, quien dirige la puesta en escena, se viste de esta sombra o fantasma del pasado.

El tratamiento del espacio se complementa con las figuras que se crean desde la iluminación.

Así, se dibujan formas que limitan el movimiento de la mujer y que hallan correspondencia con sus emociones, con su sentir con respecto a las imposiciones de la sociedad y la tradición.

Una tradición que el personaje traiciona y desde aquel momento marca el punto de inicio de una nueva raza, de una nueva idea del mundo. La referencia a la indígena Malinche (compañera y traductora de Hernán Cortéz) se contextualiza en la mujer actual.

La pieza se justifica, también, desde la visualidad. Los dibujos del artistaMarcelo Aguirre se proyectan sobre las telas blancas que visten la estructura.

Son ilustraciones animadas que retratan a la mujer, y desde el trazo vigoroso y doble evidencian su conflicto.

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