23 de May de 2010 00:00

La obra ‘Los buenos vecinos’ reflexionó sobre las amistades

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Redacción Cultura

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Solo un gato se pasea por el vecindario. Aquí, las luces de los postes son las únicas prendidas. No se oye más que maullidos. Los títeres, en sus casas, duermen imperturbables. En las butacas, en cambio, los niños están despiertos. Atentos.

De repente, los ladridos de Tolentino (un inquieto perro salchicha) asustan al gato y despiertan a Don Toribio y a Don Arsenio. Ellos protagonizan ‘Los buenos vecinos’, del grupo La Fanfarria, de Colombia.

La función fue ayer, en la sala Demetrio Aguilera Malta, en la Casa de la Cultura, en Quito. Hasta allí llegaron padres e hijos para ver la puesta en escena, parte del X Festival Internacional de Títeres Con Bombos y Platillos, que termina el 31 de mayo.

Sentados sobre las piernas de sus padres o en su propia butaca, los pequeños soltaron sus primeras carcajadas cuando Toribio se puso a jugar con Don Arsenio, su amo. Este viejito era el carpintero del barrio. También cantaba y tocaba la guitarra.

Y lo hacía mejor cuando formaba un dúo con el acordeón de Don Toribio, su vecino. Este último, a veces, se convertía en un dolor de cabeza para Arsenio.

Como aquella noche cuando el gato deambulada y Toribio se quedó sin café y sin azúcar para desayunar al día siguiente. En esa ocasión, él se acercó donde Don Toribio y le pidió la acostumbrada ‘tacita’ de azúcar.

El carpintero accedió gustoso, pero otra vez Toribio se daba cuenta de que algo más le faltaba y tocaba a su puerta de nuevo, sin dejarlo descansar. Aún así, la amistad de estos vecinos se manifestaba hasta en lo bien que se llevaban sus mascotas Tolentino y Crespos. Sin embargo, una bruja no soportaba esa idea.

Con una voz chillona, ella planificaba cómo hacerlos pelear. En una butaca, Fernanda Morán le explicaba a su hija Alejandra, de 6 años, que “no es bueno molestar a los demás”. La niña asintió sonriente mientras mecía sus piernas que no tocaban el piso.

La bruja hacía sus travesuras sin dejar rastro alguno. Por ello, los vecinos se culpaban entre sí y resquebrajaban su amistad. Hasta sus mascotas se pelearon. La bruja, mientras tanto, se alegraba con esas discusiones.

Pero Don Arsenio se dio cuenta que no eran ellos, sino un tercero el que los molestaba. Entonces empezaron a perseguir a la bruja. Como no lo conseguían, uno de los niños les ofreció su ayuda en voz alta . “Si quieren yo subo para allá y la atrapamos”.

El festival continúa hoy, en el mismo lugar. A las 11:30, Chucho Teatro, de Chile, presenta su obra ‘Es panto mimas’ y a las 18:00, llega ‘Lágrimas junto al río’, de Kristal Puppet, de Kenia.

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