Nuages hizo de un concierto una fiesta

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Luis Fernando Orquera.  Redactor 

Lejos del 2001 y de los días en donde se los identificaba como banda de jazz gitano, lo mostrado en el Teatro Variedades, en su concierto de lanzamiento del disco 'El Juego', da cuenta de un Nuages que lleva una relación polígama con varios géneros.

Lo gitano y el jazz siguen siendo parte de un harem de rock, punk, ska, melodías balcánicas, andinas, orientales, tropicales y progresivas.

De esta presentación se destacó sobre todo el engranaje musical de esta máquina que es el ensamble. La alineación ha generado una química y un lenguaje en vivo que se consigue con intensos ensayos y un ambiente humano que de seguro se refleja en el producto que presentaron esa noche.

Las composiciones tienen una naturaleza paradójica: por un lado representan un reto interpretativo, especialmente desde lo rítmico ya que abundan cambios de tiempo y compases poco convencionales. Asimismo, esa parte científica sutil se ve en la capacidad de asimilación y disfrute del público que bailó sobre estas métricas sin reparos.

Más allá de sus bondades interpretativas, el ingrediente clave en escena es el carisma de cada uno de los ocho integrantes. Si el guitarrista Sven Pagot daba clases de baile erótico, Jimmi Páez ponía su tuba en el piso para seducirla con movimientos pélvicos. La fiesta continuaba con Robin Fink y Jeff Aranda liderando las coreografías. David Bonilla (guitarra), en cambio, demostraba sus saberes de amarre de cordones y Pepe German junto con Pepe Andrade (percusión) lanzaban bromas entre canción y canción.

Después de sonar por más de una hora y media temas como Pachafunk, Propiedad horizontal y El gitano calvo, la fiesta concluyó con el público de pie al son del encore de sátira política Matantirutirulá.

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