6 de November de 2012 00:01

El narco leído a través del arte

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Kate Moss, Amy Winehouse, Lindsay Lohan, el rey Jorge V de Inglaterra, Sigmund Freud, James Brown, Joe Arroyo, Whitney Houston, Marilyn Monroe, Diego Maradona, Kurt Cobain y un largo etcétera de nombres de celebridades, por un lado. Por otro, El Doctor o El Licenciado, El Chapo, la Reina de la Coca, El Mexicano, Popeye, Macaco, El Mugre, El Tigre, el Señor de los Cielos, Muñeca, Los Comba, Rasguño, y, asimismo, un extenso etcétera de los apelativos de los más temidos capos del narcotráfico.

¿Qué tienen en común las extensas listas de famosos y de tristemente célebres ‘narcos’? Las drogas y, en particular, la cocaína. Así lo señala el artista conceptual colombiano Miguel Ángel Rojas (Bogotá, 1946). Él es el autor de la impactante muestra ‘El camino corto’, que desde septiembre pasado se exhibe en el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá.

En una serie de instalaciones inéditas que impresionan por sus dimensiones y por la utilización de materiales, el también fotógrafo, pintor y arquitecto explora (y consigue que el espectador también lo haga) el submundo del tráfico de sustancias prohibidas.

“Estamos ante dos entidades sagradas: la hoja de coca y el billete de dólar, el dinero”, señala María Belén Sáez de Ibarra, la curadora de la exposición, quien así da pistas sobre la naturaleza de una exhibición que tiene a la cocaína y a los billetes verdes como elementos centrales y que aborda uno de los temas más espinosos que afronta este país. Y continúa: “’El camino corto es la búsqueda fácil de riqueza, de belleza, de poder, de felicidad, de placer (…) El atajo para llegar más rápido (…)”.

El artista colombiano desembarcó en la temática de la droga desde su experiencia personal, según dice, al tiempo que aclara que se convirtió en un activista declarado en contra del consumo de la cocaína.

“Este es un tema en el cual he trabajado, e investigado, a lo largo de 15 años. Una de las razones para tratar este tema es porque también fue parte de mi experiencia. Y con esta muestra estoy dando un vistazo general al narcotráfico, a la guerra que provoca, al desplazamiento de los campesinos, a la esterilización de la tierra por el empleo de glifosato”.

Precisamente, unos 600 nombres y apodos de personalidades y cabecillas de los clanes criminales se incluyen en la instalación ‘El camino corto’; se trata, precisamente, de la parte más llamativa e importante de la exhibición y que le da el nombre a ésta. Se trata de un espacio de 4,5 metros de altura por 117 metros de largo.

En la parte superior de las espaciosas paredes blancas de la sala están escritos los primeros con recortes de hojas de coca. Algunos de ellos aparecen marcados con una estrella, para dejar en claro que fallecieron a consecuencia de una sobredosis. Cobain, el vocalista y compositor de la banda Nirvana, es uno de ellos.

En la parte inferior, aparecen los alias de los narcotraficantes que amasaron enormes fortunas con el negocio de las drogas. Están escritos con recortes de billetes de un dólar estadounidense. A la cabeza de todos aparecen dos personajes sombríos. Uno es El Doctor o El Licenciado, algunos de los motes con los cuales fue conocido el extinto Pablo Escobar, el cabecilla máximo del desaparecido Cartel de Medellín. Otro es El Chapo, el alias del mexicano Joaquín Guzmán, jefe máximo del Cartel Sinaloa y uno de los hombres más ricos del planeta.

Justamente, la instalación, asegura el artista, establece una suerte de paralelo entre los archifamosos consumidores de drogas y los traficantes de sustancias ilegales, “entre el mundo de los poderosos y el de los productores, los dos extremos de la cadena del negocio de la droga”.

La instalación principal se complementa con las imágenes de un paisaje agreste y sombrío: un terreno infértil, que es el resultado de los cultivos ilegales. Un escenario que denuncia los impactos del cultivo y tráfico ilegal de droga en la naturaleza.

Por fuera de la instalación principal se encuentra otra. En una vitrina se exhibe un fragmento de una pieza autóctona, que corresponde a la cabeza de un ‘mambeador’ (masticador de hojas de coca) de la cultura indígena de Tumaco (del siglo IX) y que Rojas reconstruyó con una masilla elaborada con polvo de coca. La figura encierra más que un simbolismo: recuerda que la coca, con sus problemas, ha estado presente en la vida de la actual Colombia desde tiempos inmemoriales.

El artista y su obra

Miguel Ángel Rojas es  fotógrafo, pintor y arquitecto. Fue profesor de  la Universidad Nacional de Colombia.

Exposiciones  individuales: Galería Sicardi (Houston), Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo (Santa Marta), Museo de Arte del Banco de la República y  Museo Nacional (Bogotá).

Su obra está en algunas  colecciones : Whitney Museum of American Art (Nueva York),  Fundación La Caixa (Barcelona), Museo de Arte Contemporáneo (Monterrey),  entre otras.

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