1 de October de 2012 00:01

Montubios híbridos se pasean en la obra teatral ‘Amores finos’

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Son montubios mixtos. En una mano cargan el machete y en la otra el celular. Con la izquierda agarran la gallina y con la derecha una botella ‘imperialista’ de Coca Cola.

Ya no se movilizan en caballos sino en tricimotos: el transporte público de los campos , el que los lleva por USD 0,25.

Reemplazaron sus sombreros de paja toquilla, de alón o de mocora por gorras deportivas.

Otros visten la tradicional cotona (camisa) montubia , hecha con una fresca y liviana tela de trill, pero le dan un toque ciudadano: la combinan con ‘jeans’ azules.

Los montubios que se personificaron en la obra ‘Amores finos’ presentada en el Teatro Centro de Arte la semana pasada, son más cercanos a la realidad.

Se dejó a un lado el costumbrismo y estereotipo televisivo que se tiene del montubio para reconocer -¡ya era hora!- que esta cultura actualmente está atravesada por los irrefrenables fenómenos de la migración y de la globalización.

La obra puso a 25 actores en escena. Fue escrita por el guayaquileño Alfredo Cucalón, dirigida por Gonzalo Mejía y musicalizada por el Bambú Ensamble. Esta última agrupación, liderada por Schubert Ganchozo, lleva nueve años metida de cabeza en la investigación de la tradición oral montubia. Se dedican a musicalizar amorfinos con instrumentos fabricados con caña guadúa.

Según Joffri Campins, quien forma parte del equipo de investigación de la orquesta, la obra está pensada en “el montubio actual”.

“No podemos pintar al montubio como se lo hacía antes. Pese a todo, perduran algunos hábitos propios de esa cultura como el dejo en hablar y la costumbre de colgar la hamaca”, dice Campins.

A diferencia de los actores, los integrantes de esta orquesta sí optaron por vestirse de la manera tradicional montubia.

Con el “dejo” al hablar, Campins hace referencia a términos propios del agro costeño que se escuchan a lo largo de la obra como “naiden” (nadie), “chucula” (dulce de maduro y queso), “picotazo” (beso)’ y “sobado’” (tonto).

“La idea es contar la nueva realidad del montubio. Ahora un jean puede ser la mejor prenda de trabajo para ellos”, dice el director de la obra Gonzalo Mejía.

La obra está ambientada en el ficticio Recinto Cruce de las Matas, en la Costa ecuatoriana. Ahí viven Briana (interpretada por la actriz Carolina Piechestein) y su sobreprotector padre Don Anselmo (Andrés Garzón).

También, en ciertos tramos, la obra está ambientada en Nueva York (EEUU) y en Guayaquil.

Dado que la pieza teatral fue iniciativa del departamento de Turismo de la Municipalidad de Guayaquil, no faltaron diálogos rimados que sonaron a spots publicitarios: “En esta ciudad (Guayaquil) hay una Metrovía porque tenemos una excelente Alcaldía”:

Al Recinto Cruce de las Matas llegan jóvenes aspirantes a doctores que cumplen el trabajo rural de rigor previo a su graduación.

Uno de los doctores que llega es Juan Ignacio (Pancho Aguiñaga) quien tiene roces con el montubio Clemente (Ángel García).

Ambos se disputan el amor de Briana y lo hacen de la manera más rural que se les puede ocurrir: con un duelo de estribillos.

En ese momento surgen versos como el que le lanza Clemente: a Juan Ignacio: “Para más luego acabar/ muy pronto te prevengo/ con los puños que yo tengo/ también te puedo pegar”.

A Briana, su celoso padre la envía a Nueva York para espantar a los pretendientes. Briana regresa al poco tiempo a su recinto natal, desencantada por el ‘sueño americano’ que la obliga a trabajar como mesera en un restaurante. Regresa acompañada de John (Alberto Rivera), un estadounidense con el que se casa en Ecuador.

Hasta el estadounidense de la obra tiene alma montubia. Lanza, con su castellano trabado, un amorfino: “Yo quería conocer una mujer/ pero a mí no me gustan las rubias/ Por eso me conseguí / a la más linda de las montubias”.

Sobre la obra teatral

La obra  está musicalizada  por Bambú Ensamble , agrupación integrada por Schubert Ganchozo, Issac  Ganchozo, Joan Álvarez, Luis Larrea, Hilda Núñez y Joffri Campins.

La vestuarista   fue  Clarissa Sánchez, el sonidista John Zambrano,  el escenógrafoÁngel Rugel y el tramoyista Mario Triviño.   
   
En la pieza escénica  participó el ballet  del Teatro Centro de Arte. El grupo está  compuesto  por 11 bailarines.

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