14 de April de 2011 00:00

María Magdalena vuelve en una nueva versión

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Era un cuarto con tan solo un foco. Las sombras que se proyectaban en las paredes llevaban a los ocupantes del espacio hacia un lugar recóndito de la memoria. El público, silencioso como en un velorio, esperaba que aparecieran los personajes. Había varias cajas de madera regadas por todo el escenario; como si estuvieran esperando a su último ocupante. De repente, dos hombres y una mujer aparecieron como fantasmas que quieren recordar el pasado.

Así dio inicio el espectáculo que impactó al público presente en el Centro Cultural de San Sebastián para ver la obra de teatro ‘María Magdalena, la mujer borrada’, basada en un texto de Viviana Cordero e interpretada por el grupo de teatro La Bodega.Concebida para espacios no convencionales, esta obra tiene un efecto bastante abrumador. Risas escandalosas, gritos estrepitosos y ensordecedores ambientaban el lugar y llevaban al espectador a vivir, al menos por un momento, la sensación de estar en un manicomio en el que la loca del lugar quiere contar una versión de la historia que solo a ella le pertenece. Junto a ella, dos hombres, que muchas veces parecen arlequines, revoloteaban alrededor de la habitación haciendo sonidos de extraña naturaleza.

Lo que más atraía de su interpretación era su capacidad para cambiar de roles. Ellos (Esteban Crespo y Jorge Ruiz) actuaban como locos, como salvadores, como voceadores, como retardados. En fin, sus roles son tan variados que, si no se sigue con atención a la obra, es fácil perderse.

Igualmente, Magdalena (Luciana Valle) no se quedó atrás. Su gran elasticidad la hacía parecerse a una chica exorcizada que quería gritar al viento el porqué su vida había sido cambiada.

La trama de la obra -que ya fue montada hacia varios años como un unipersonal en Malayerba por Juana Estrella- es sencilla: María Magdalena quiere contar su versión. El propósito es dar a conocer que ella no fue simplemente la prostituta del evangelio. Y a gritos reclama que fue una verdadera acompañante (en toda la extensión de la palabra) de Cristo. Para poder decir esto, se ayuda de dos hombres que acentúan su papel en la historia del cristianismo. Mientras uno de ellos la ve y la desconoce, el otro grita a viva voz todo lo que se dice de ella.

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