Luis Caballero, desde su puño y letra, en un libro

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El Tiempo, Colombia. GDA

"Quiero pintar y no puedo. Además, francamente no sé qué hacer y no sé a qué santo encomendarme". Este es un fragmento de las 28 cartas del libro '¡Pobre de mí, no soy sino un triste pintor!', que recoge la correspondencia que Luis Caballero le envío a la artista Beatriz González, su amiga, durante su estadía en París.

Ambos se conocieron en la Universidad de los Andes. De ahí surgió una gran amistad, que duró varias décadas. Más allá de la admiración que Caballero profesaba por la obra de González, sus cartas revelan su manera de pensar frente al arte en Europa. También, sus percepciones frente a hechos y conflictos en el arte colombiano, entre 1963 y 1992, año en el que le envió la última carta.

"Y sin embargo, viendo las cosas desde un punto de vista cínico, me parece que todo eso significa que la vida artística en Bogotá se agranda (...) lo que sí es ridículo es que las peleas se forman por chismes sociales y no por diferencias de ideas. En fin, ya hablaremos", dice en otra de sus cartas, escrita en 1976.

La idea del libro surgió luego de una retrospectiva sobre Caballero, en el Museo de Arte Moderno de Medellín, en el 2012. Allí, González compartió, por primera vez, extractos de estas cartas, que muestran otra faceta de Caballero. Hay unas escritas a mano, con anotaciones y dibujos, y otras a máquina; eso sí, todas con su firma, como si fuesen una obra suya.

Al ser la correspondencia personal entre amigos, se hizo necesario aclarar a qué personajes se refería Caballero, puesto que allí aparecen mencionados varios artistas, curadores y críticos de arte. Para la artista, el libro es una forma de aprender cómo se puede discutir sobre arte.

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