La literatura y su relación con la locura

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Redacción Cultura

A decir de muchos, para ser escritor y, sobre todo poeta, se necesita cierto grado de locura que permita estar conectado con un universo de palabras donde el autor se convierte en una especie de Dios creador. Ese quizá fue el caso de Leopoldo María Panero, uno de los últimos escritores ‘malditos’ de España y del mundo.

La mitad de su vida Panero se la pasó en un manicomio, escribiendo desde ahí pero ‘consciente’ de estar loco. Esa era cuestión que ponía en tela de duda su locura: ¿hasta qué punto se puede estar loco, y estar consciente de serlo?

Entonces se deduce que tal vez el delirio de Panero se refleja en sus poemas, desde ese grito desesperado por la pérdida de la infancia que significó una de sus primeras obras ‘Por el camino de Swam’, pasando por una serie de poemas inspirados en su consumo de psicotrópicos en ‘Heroína y otros poemas’, hasta uno de sus poemarios más reflexivos ‘Locos de altar’.

Pero más aterrador que su vida en el psiquiátrico resulta su relación familiar, sobre todo con su madre. En el documental ‘Desencanto’, por ejemplo, la madre del escritor, Lorena Blanc, menciona estar más preocupada de lo que dice la gente de la drogadicción de su hijo antes que de los problemas esquizofrénicos que empezaba a tener. Otra situación que afectó al poeta fue la decisión de su padre, el también poeta Leopoldo Panero, de alinearse al franquismo en una época en que su hijo fue encarcelado por su lucha antifranquista.

Este calificativo de ‘maldito’ con el que se cataloga a Panero, es una palabra más bien común para relacionar a aquellos escritores que tuvieron problemas con la locura y la adicción. Haciendo un breve repaso por los escritores más significantes para la literatura que padecieron de problemas mentales, resuena el nombre del mítico Edgar Allan Poe. 

Esquizofrénico y alcohólico, o quizá no tan alcohólico pues su enfermedad mental lo volvía vulnerable a este tipo de bebidas, llegando al punto de emborracharse con tan solo una cerveza. Sus problemas mentales, sumados a sus adicciones (entre las que estaba el consumo del opio) lo llevaron a la muerte cuando tenía 40 años de edad.

Uno de los herederos de la literatura de Poe; H.P Lovecraft, también fue un escritor que desarrolló problemas mentales. Tuvo una infancia que marcó su vida, en especial por una situación: su madre siempre quiso tener una hija, hecho que la obsesionó llegando a vestir a su hijo de mujer. Y es precisamente el comportamiento obsesivo lo que llevó a Lovecraft a practicar ciertos actos como a alimentarse únicamente de helado, lo que detonó en desnutrición y posteriormente en su muerte.

Hablando de locura, es imposible no nombrar al Marqués de Sade, quien por mucho tiempo fue obligado al encierro en un manicomio. Nadie pudo asegurar que el Marqués estaba loco, simplemente, las autoridades del siglo XVIII en Francia, que estaba dominada por la Iglesia hasta antes de la Revolución Francesa, catalogaron su obra de blasfema y la relacionaron con la locura, a pesar de que el autor siempre estuvo consciente de lo que hacía y escribía. Sin embargo, en algunas de sus biografías se dice que esas actitudes y actos de promiscuidad que practicaba el escritor, con el tiempo degeneraron su cerebro, causándole problemas mentales.

En la misma Francia, pero un poco más contemporáneo, sobresale la figura de Antonin Artaud. Escritor surrealista francés que desde su juventud sufrió problemas mentales y fueron los mismos doctores quienes le recetaron consumir opio para alivianar sus constantes dolores de cabeza. El autor vivió por algún tiempo en México, donde se volvió adicto al consumo de peyote y terminó viviendo en un prostíbulo. Murió en 1948 después de vivir sus últimos años en manicomios de Francia, sometido a terapias practicadas por el régimen nazi en los sanatorios mentales de gran parte de Europa.

Esta lista no puede finalizar sin mencionara a Virginia Woolf. Un símbolo para el movimiento feminista que enalteció su obra en la década de los 70. Woolf se suicido en 1948 a causa de una depresión producida por el trastorno bipolar que tenía, pero que en la época era desconocida como enfermedad.

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