8 de March de 2012 00:03

‘Lo lingüístico y lo político son dos cosas aparte’

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Entrevista del día a Rosa Llerena, lingüista, directora de la escuela de Lenguas de la PUCE.

¿La lengua es sexista?

No. Hay lenguas como el español que tienen género y especifican masculino o femenino; pero hay otras, como el inglés, que no tienen especificación. No podemos decir que hay una lengua sexista como tal; lo que hay es una intención comunicativa que podría ser sexista.

¿Intención comunicativa?

La tienen los hablantes que quieren comunicarse y siempre hay una. Si se quiere enfatizar situaciones sexistas se utiliza el lenguaje de esa manera, pero esa intención no es lingüística, es comunicativa y responde al contexto social, cultural y, sobre todo, político, para visibilizar a la mujer a través de la lengua.

Es decir, en las guías de lenguaje no sexista hay conciencia social y política y no una base lingüística…

Sí. Por ejemplo, en un documento de la ONU Mujeres para un público específico vale la diferenciación so pena de que el texto sea pesado o difícil de entender; pero hay una intención política clara. El problema es volverse fundamentalista; son dos cosas aparte: lo comunicativo lingüístico y lo comunicativo político.

¿Hay contradicción con las normas gramaticales?

Sí. La Academia norma y toda lengua necesita límites, un estándar. Cada comunidad lingüística específica, geográfica o política, tiene sus propias formas comunicativas, que a veces son aceptadas. En la Sierra utilizamos el “dame pasando”: sirve para comunicarse en una comunidad específica, pero no puede ir más allá. Si se quiere hacer del feminismo una comunidad lingüística específica se romperían normas, pero sus formas tampoco irían más allá.

El desdoblamiento léxico en las profesiones, ¿es posible que se extienda a otros casos como ‘soldada’?

Eso tiene que ver con el aspecto cultural. El tiempo que vivimos es diferente al de la creación de esos términos y hay una postura o una predilección geográfica. A lo que voy es que: cuando se puede hacer se debe hacer; ahora, si tengo una hermana soldado pensaría dos veces al llamarla ‘soldada’ porque no hay la costumbre. De haberla, acaso, habría el permiso, pues no hay que olvidar que los términos se quedan o se van por necesidad.

Y ¿miembro/‘miembra’?

Es feo ‘miembra’. La lengua tiene una regla de oro: debe ser simple para comunicar con eficacia; no se puede caer en la ambigüedad, ni el ruido. Al decir “soy ‘miembra’” creo un impedimento para la comunicación.

¿Qué sucede con la concordancia en, por ejemplo, “Juan y María viven juntos”?

Por tradición se toma la forma masculina. Al especificar “juntas” hablaríamos mal. Es difícil, cuando queremos forzar la lengua hay situaciones que no ayudan sino que crean antipatía.

¿Se puede sustituir el masculino plural por el colectivo (profesores-profesorado)?

Sí, si no es muy pesado y atenta contra la fluidez y claridad del mensaje. Entiendo que hay momentos en los que se optó por hablar en colectivo; pero no hay que olvidar que hubo una intención política. Pero escuchar a alguien en la calle que salude “Hola, amigos y amigas” es risible, irónico o fastidioso. Hay normas pragmáticas que visibilizan no al hombre o a la mujer, sino al pensamiento.

¿El uso extensivo del masculino deviene en un pensamiento androcéntrico?

Ha habido mucha discusión al respecto. Estamos en el siglo XXI y el lenguaje es como es; si lo utilizan hombres y mujeres, lo que se debe lograr es una comunicación eficaz: hacerse valer como personas a través de la lengua.

Si el desdoblamiento léxico y los postulados de las guías se hacen uso, ¿deberían ingresar a la Academia?

Pasaría mucho tiempo y habría que verificar. Los académicos en sus reuniones anuales revisan terminologías e intenciones lingüísticas de los pueblos, si es que hay una justificación lingüística, cultural y de uso vivo se consideraría aceptarlos. Pero ahora los académicos reprenden a estas guías porque se alejan de la lingüística y priman contextos políticos.

¿POR QUÉ ESTÁ AQUÍ?

Su experiencia.  Es catedrática  de Pragmática y dirige la Escuela de Lenguas de la Universidad Católica.    

Su punto de vista.  Hay   normas  que visibilizan no al hombre ni a la mujer, sino al pensamiento.

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