Leonardo Padura: 'Soy un escritor con muy poca imaginación'

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DPA

Desde el barrio de Mantilla, en las afueras de La Habana, el escritor Leonardo Padura se convirtió en un creador de 'bestsellers' universales y en una voz crítica contra el gobierno de Cuba, donde pese a todo es tolerado e incluso premiado.

"Mi lenguaje es cubano, mi experiencia es la cubana, mi conocimiento de la psicología es la cubana. Ahí está mi lugar", afirmó Padura el miércoles, 19 de febrero de 2014, en una entrevista con la agencia dpa en Miami, capital de un exilio al que no pertenece ni pertenecerá.

"(Quedarme en Cuba) Es un decisión muy pensada y muy libremente decidida", aseguró en una ciudad donde alguna vez temió ser culpado por algo de lo que no es responsable. Padura visita habitualmente Miami, donde vive su hermano y donde ha centrado parte de su nueva novela, 'Herejes'.

Esta semana ha podido constatar con varios actos públicos que el cambio que se ve en la isla también existe en la ciudad más cubana de los Estados Unidos y que ambas están cada vez más cerca. Como demostró en la exitosa novela 'El hombre que amaba a los perros', quien espere de Padura una crítica directa como la de los disidentes no la encontrará.

Son dos mundos diferentes. Padura dice sin decir. "La literatura tiene sus propias estrategias artísticas para decir determinadas cosas sin tener que convertirse en una denuncia directa. Hacer política desde la literatura no es la mejor solución artística", afirmó el escritor y periodista de 58 años, que no se considera un hereje -"me faltan arrestos"-, pero sí un "antiortodoxo".

"Hacer de la literatura un acto abiertamente político es confundir las exigencias y posibilidades de una y otra manifestación. A veces sólo con mostrar la realidad es suficiente", dijo Padura, que con 'Herejes' vuelve a jugar con la novela histórica y la policiaca. "Lo histórico y lo policiaco va a ser un espacio que voy a visitar con bastante frecuencia", afirmó descartando incursiones en otro género el escritor cubano, relajado en un patio de una tranquila librería de Miami donde charló sin prisa, fumó y aprovechó el café que otra persona dejó intacto sobre la mesa.

"Soy un escritor con muy poca imaginación, me hacen falta hechos, certidumbres reales para poder crear una historia", señaló sobre su acercamiento a la novela histórica, de la que disfruta más la investigación que la escritura.

"La historia te ayuda a tener una percepción más adecuada del presente, nada de lo que ocurre ocurre sin razones previas, todo es una consecuencia. La novela policial (me gusta) por su estructura narrativa, plantea un interrogante al lector desde la primera página, tengas o no tengas un muerto", afirmó. 

Padura muestra el periodista que es en la documentación y en la necesidad de hechos para poder escribir. "La imaginación es un poquitico que pongo yo ahí de la poca que tengo". Sus novelas son también -por su estilo- visuales, y por eso atraen al mundo del cine, donde ahora se centra a pesar de que no le gusta escribir para la pantalla.

Hay un guión ya filmado y en montaje de una historia original inspirada en un pasaje de 'La novela de mi vida' y su esposa Lucía está escribiendo los guiones para televisión de la serie de libros del detective Mario Conde.

Pese a sus recelos, Padura no puede evitar la seducción del séptimo arte. Como creador del personaje de Conde, también dedica tiempo a otras novelas policiacas y a otros investigadores. Es el caso de los nórdicos, entre los que destaca al islandés Arnaldur Indridason.

Pero hay una gran diferencia entre Reikiavik y La Habana, como también entre los personajes. "Conde tiene que dormir aunque sea borracho, pero tiene que dormir, porque si no, al día siguiente se cae. Y tiene que reírse, aunque sea risa dolorosa. En Cuba tenemos que tener una experiencia diferente de la vida. Siento que hay algo que (los escritores nórdicos) no dominan, que es la ironía. Nosotros no entendemos la vida si no es con una pizca de humor y mucho de ironía", comparó.

Pese a que se considera "conservador" y ama el libro en papel por encima del electrónico, en su última visita a España adquirió un 'e-reader' en el que le descargaron 900 obras. Con todos ellas volvió a La Habana, a Mantilla, de donde no se marchará. "La diferencia entre un jugador de béisbol, un médico y mi hermano, que diseña interiores, y un escritor es que ellos pueden hacer su trabajo en cualquier parte del mundo y el escritor no. Yo pertenezco a una cultura".

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