Dos lenguas de Ecuador están en grave peligro de desaparecer para siempre

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Gabriela Balarezo R. Redactora

Catorce puntos de colores- unos naranjas, otros amarillos, algunos negros- distribuidos por todo el territorio nacional reflejan la situación de las lenguas nativas en Ecuador.

Es lo que se observa en el Atlas interactivo de las lenguas del mundo en peligro, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Del total de dialectos dos constan como extintos- identificados en negro-, dos atraviesan una ‘situación crítica’ y cuatro están seriamente en peligro.

Una lengua desaparece cuando se extinguen sus hablantes, se clasifican en ‘situación crítica’ cuando solo los abuelos y los más ancianos la conocen y la usan parcialmente y con escasa frecuencia y está seriamente en peligro cuando únicamente los abuelos y las personas de generaciones viejas la hablan, mientras los miembros jóvenes de la comunidad la comprenden medianamente.

En el escalafón que va de un dialecto que está a salvo a uno que se ha perdido para siempre, influyen y confluyen varios factores. Los expertos de la Unesco han identificado cerca de nueve circunstancias que afectan la situación de una lengua, que deben considerarse en conjunto.

Según Alcira Sandoval Ruiz, especialista del Sector de Cultura de la Unesco, el principal riesgo para un idioma empieza cuando sus hablantes dejan de utilizarlo- recurren cada vez menos a sus registros y estilos idiomáticos- y cuando dejan de transmitirla a la generación siguiente.

En Ecuador, las trabas en la transmisión de saberes de generación han tenido repercusiones en la supervivencia de los dialectos en peligro de extinción. Estos obstáculos fueron determinantes en la desaparición de las lenguas andoa, tetete- que ya no tienen locutores vivos- e inclusive de la llamada esmeralda (no consta en el atlas de la Unesco), que dejó existir a inicios del siglo pasado.

Es poco lo que se puede hacer cuando un idioma perece, según refleja un artículo de Russ Rymer publicado en la revista National Geographic. Los intentos por volverla a la vida, serían equiparados a los esfuerzos por resucitar a alguien que ha fallecido. Así, en el país, las actividades de lingüistas, líderes de comunidades y funcionarios de entidades gubernamentales se centran en salvar a aquellos que están al borde del fin pero que aun tienen oportunidades.

A partir de que la Unesco hizo público el atlas (2010) y desde que en Quito se realizará el encuentro ‘Voces e imágenes de las lenguas en peligro’, en septiembre de 2011, no se ha hecho nada en la práctica en pos de salvaguardar las lenguas ecuatorianas en riesgo. Esto según Luis Montaluisa, lingüista experto en el tema y quien por casi 40 años se ha dedicado a su estudio- visitando las comunidades y escuchando las lenguas en vivo.

Una de las claves que identifica Montaluisa para emprender el camino de recuperación de un dialecto es asegurarse de que exista una gramática, para lo cual es fundamental que sus hablantes no dejen de usarlo a diario.

Lo cual presenta dificultades, por ejemplo, en el caso de las comunidades sápara-hablantes en las que existen solo tres y cuatro miembros que conocen el idioma nativo y no pueden utilizarlo en el día a día por vivir alejados los unos de los otros.

“Si hay una gramática es fácil que una lengua reviva”, agrega el experto y asimismo destaca que a partir de esto debe crear un método de enseñanza para reintroducirlo como segunda lengua. Este plan que parece sencillo y lógico es posible -sigue Montaluisa, siempre y cuando haya voluntad del Gobierno.

En Ecuador está voluntad del Gobierno está centrada en rescatar una sola lengua por el momento. El proyecto está a cargo de la Secretaría de Patrimonio del Ministerio de Cultura, en coordinación con otras instituciones públicas como el Ministerio de Educación y la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt).

El seleccionado entre los seis dialectos altamente vulnerables es el sápara (como prefieren sus hablantes que se escriba) o zápara (o) como se lo conoce comúnmente. Se priorizó la acción de sobre esta lengua por su cualidad de Patrimonio Oral Inmaterial de la Humanidad por parte de la Unesco (2002) y por su situación crítica

Desde el 2010 el número de locutores bajó de nueve a cuatro o tres (el número es impreciso), lo que lo equipara con los casos más graves alrededor del mundo, como son el miwok que tiene únicamente cuatro hablantes o el yidiny de Australia que cuenta con no más de 12 locutores.

En Ecuador la lengua que se encuentra en la misma categoría de peligro que el sápara es el sia pedee (Esmeraldas), con 30 hablantes según datos del 2005. Ambas están en el nivel 7 de la escala de la salud de las lenguas, un paso antes de la desaparición absoluta.

Luis Páez, antropólogo y Subsecretario de Patrimonio, sostiene que hasta el momento las acciones por rescatar las lenguas en peligro de extinción han sido tibias. Lo más relevante realizado hasta el momento es la capacitación de jóvenes sápara en la Universidad del Azuay, para potenciar el idioma en sus comunidades.

Por lo tanto el trabajo para salvar al sápara apenas comienza. En un principio se propone armar un comité multidisciplinar, conformado por un grupo de entidades gubernamentales y también tener reuniones con distintos lingüistas informados en el campo.

Lo primordial es trabajar en los aspectos lingüísticos para instituir una metodología pedagógica (de la que habla Montaluisa) y así enseñar a los niños a hablar la lengua nativa de sus ancestros. Esta inmensa tarea estaría liderada por el Ministerio de Educación.

El subsecretario reconoce que es muy difícil construir una gramática del sápara, aun cuando existe un diccionario elaborado por Carlos Andrade Pallares en el 2002, porque esta lengua no se parece a ninguna otra en el país. Sabe que recuperarla al 100% es imposible.

Por otra parte, el papel de la Secretaría de Patrimonio se centrará en la revalorización del idioma fomentando los mitos y leyendas propios de las comunidades. “Los niños recitan mitos en sápara y no los entienden…o los traducen al quichua”, aclara Páez y recalca que cuando se acaba una lengua, se acaba también una cultura y una cosmovisión.

El antropólogo aclara que el trabajo no se hará solo desde el escritorio, el punto es “ir donde las papas queman”, por lo que es vital para su proyecto manterner un estrecho contacto con los miembros de la comunidad sápara, sobre todo con quienes aún hablan la lengua.

Uno de ellos es Alberto Ushigua Manya de 72 años, oriundo de Imatiña Katerika, en la provincia de Pastaza. Páez conoció a Ushingua porque éste resultó ganador del Concurso Nacional de Reconocimiento a Portadores de Saberes Tradicionales 2013, por su habilidad como tejedor de canastos.

Durante la premiación Ushingua compartió un mensaje en su idioma natal, el sápara. Dijo estar consciente del estado de su lengua y quiere ser parte de lo que se haga para salvarla.

Si bien Alberto y los miembros de su comunidad entienden la grave situación de su lengua, el resto de ecuatorianos no lo hacemos, según Páez. El problema de fondo detrás de la muerte de los dialectos en el país es la negación de nuestra identidad y de los orígenes indígenas.

Esto es correcto en segunda instancia para el lingüista Montaluisa. Quien considera que mayor mal para las lenguas en Ecuador es la invasión petrolera. Lo primero para mantener vivo un dialecto es mantener a salvo el territorio que da cobijo a la comunidad.

Por lo que antes de poner en marcha cualquier proyecto interinstitucional o implementar cualquier método de enseñanza, el Gobierno debe poner un freno a la expansión de le frontera petrolera.

Montaluisa remarca esta postura recordando que la exploración del bloque Yasuní-ITT que afecta a la provincia deB, tendrá repercusiones directas en la vida de los tres o cuatro sápara-hablantes que quedan como luces de esperanza para salvar la lengua.

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