26 de December de 2010 00:00

Jóvenes músicos en busca de atril

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Redacción Cultura

Lo que se desprende de una charla con ellos es sensibilidad, una cualidad que los llevó a la música, a esforzarse por ella. Son los 51 bachilleres técnicos musicales que se graduaron hace pocos días del Conservatorio Nacional de Música y que ahora están en busca de espacios de acción y expresión en un ámbito que los tiene musicalmente limitados.

Ellos se especializaron en viola, guitarra, piano, percusión, saxofón, canto, clarinete, contrabajo, violoncelo y flauta, ahora buscan un atril que ocupar para vivir de lo que han escogido por gusto y pasión: la música.

Víctor Hugo Pacheco, del Conservatorio, explica que se da seguimiento a los egresados, para saber qué destino les espera una vez graduados. Él señala que el 80 % de egresados se dedica a la música (muchos tienen doble carrera); de ellos, el 10 % sale del país e integra orquestas y ensambles o continua con su formación.

El Conservatorio conoce las necesidades de las orquestas del país y del extranjero e intenta encaminar a sus egresados hacia esas filas. Para la continuación de estudios, la institución otorga cartas de recomendación que suman en las audiciones. Así los bachilleres buscan trazar un proyecto de vida. Aquí, las historias de tres de ellos'

Es un medio sin apoyo de la gente

Sandra Tuqueres / Flauta y canto

A Sandra Tuqueres solo le faltó escuchar la interpretación de una banda sinfónica para sucumbir ante el encanto de la música. A los 13 años ingresó al Conservatorio, primero se graduó en flauta traversa y, ahora, en canto lírico.  A sus 25 años, y como profesora de esa institución,  recuerda lo complejo que fue equilibrar su carrera musical con su vida colegial y personal.

 Con su nuevo título da un vistazo al ámbito musical nacional y señala que  es un medio difícil, porque no se cuenta con el apoyo mayoritario de la gente, pues esta elige un tipo de música más comercial o digerible.  “Si uno quiere crecer debe salir al extranjero o buscar trabajo en los pocos espacios que hay”. Y añade: “También es habitual buscarse  ‘chauchas’ hasta conseguir un buen trabajo”. Así, Tuqueres también estuvo por tres años en una banda de rock, Heurística.

 Para su satisfacción, el año anterior fue seleccionada, tras audición, para formar parte del coro del Teatro Sucre y  obtuvo un rol en la zarzuela ‘Luisa Fernanda’. Con todo, Sandra dice: “La música es todo lo que tengo y por ella soy  feliz”.

No es un espacio tan amplio

Jesús Larco Coloma / PIANO

En su hogar siempre escuchó a grandes intérpretes y compositores; por ello  creció la fascinación de Jesús Larco  por los instrumentos. A los cinco años entró al Conservatorio y desde entonces su carrera en la institución ha estado signada por la excelencia. Acaba de conseguir, a sus 14 años,  el bachillerato técnico con un promedio de 20/20.

  

Ahora continúa con el nivel tecnológico y sueña con ser director de orquesta, además de convertirse en médico, pues está consciente de que, si bien hay un espacio para los músicos en el país, este no es tan amplio como en el exterior. Larco piensa que solamente pequeños grupos de personas se acercan a la música académica y ese es un obstáculo.

Pero cuando se sienta frente al piano, “el instrumento rey”, e interpreta composiciones de Bach, “el padre de la música”, o alguna del repertorio nacional busca disfrutar para que el resto también lo haga. Cuando rindió el examen de grado llegaron a él los recuerdos de todo el tiempo transcurrido en el Conservatorio buscando técnica y habilidad; entonces, dio todo de sí... Él busca un sueño.

Para sobresalir hay que chauchear

Alfredo Amaquiña / GUITARRA

La música para Alfredo Amaquiña es  un vicio que debe practicar para sentirse libre. Desde niño sintió apego por el ritmo y la armonía. Sin embargo, tardó en llegar al Conservatorio, lo hizo pasado de edad, a los 17 años, y el nivel de exigencia lo sorprendió. Con su maestro Marcelo Beltrán se perfeccionó en la guitarra, con la cual obtuvo el bachillerato técnico. 

Ahora comprende que en el medio de la música académica  las oportunidades no son muchas y hay que buscar otras formas para sobresalir. En su caso toca rock, jazz y música latinoamericana; intenta otros ritmos para ‘chauchear’.

 Además de recorrer por  tocadas en escenarios y bares, Amaquiña  da clases en una academia y ayuda en arreglos y composiciones. Así continúa en la búsqueda de su estilo, un lenguaje propio. También sigue asistiendo al Conservatorio pues ahora, con 23 años,  emprendió una aventura con la percusión.

 

En su futuro inmediato proyecta un viaje a Argentina a un encuentro musical donde busca compartir experiencias, contagiarse de otras culturas y -espera- ser invitado para tocar con otros artistas o agrupaciones.

 

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