La historia de una santa que hizo reformas con la ayuda de Quito

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Diego Ortiz. Redactor

Quito no podía quedar atrás en la celebración de los 500 años de nacimiento de Teresa de Cepeda y Ahumada, mejor conocida como santa Teresa de Jesús. Por una parte, esta ciudad posee en su Centro Histórico dos conventos creados bajo los preceptos espirituales de la santa española: el Carmen Alto y el Carmen Bajo. A esto se suma el hecho de que desde aquí se financió parte del proyecto religioso realizado por la fundadora de las Carmelitas Descalzas durante la segunda mitad del siglo XVI.

La historia de cómo llegó a establecerse este nexo entre Quito y San José de Ávila, pueblo natal de la religiosa española, tiene sus orígenes en la época adolescente de Santa Teresa. En el 'Libro de la Vida', la publicación más íntima de la religiosa, ella se confiesa como una lectora apasionada de los libros de caballerías castellanos, textos en los que se narraban aventuras imaginarias de damas y caballeros. Esta pasión lectora, que compartía con sus hermanos, la llevó a plantearse la posibilidad de ir a batallar en contra de los no-creyentes.

Si bien ella nunca utilizó ni capa ni espada en su lucha, sus hermanos sí lo hicieron. Ellos, según comenta el escritor Julio Pazos, vinieron a América como parte del grupo de conquistadores que servían a la causa del Rey de España en territorios colonizados. Al respecto, el historiador José Gabriel Navarro escribe en 'Contribuciones a la Historia del Arte en el Ecuador': "(sus) siete hermanos vinieron a Quito con el primer Virrey del Perú, dos de ellos murieron en la batalla de Iñaquito y uno, el más querido de su santa hermana, estableció su hogar en la ciudad y perpetuó en el Ecuador su descendencia y la sangre de la ilustre reformadora del Carmelo".

Al hablar de "el más querido", Navarro se refiere a Lorenzo de Cepeda y Ahumada. Él, según un estudio del genealogista Sebastián Donoso, llegó a Sudamérica en la década de 1540 para unirse a las fuerzas del virrey Blasco Núñez de Vela, quien luchaba en contra del ejército de Gonzalo Pizarro. A pesar de que en la batalla de Iñaquito (1546) el Virrey y sus tropas perdieron, un año más tarde Lorenzo, esta vez parte del bando pacifista de Pedro de la Gasca, ganó la contienda sobre Pizarro. Su lealtad al del Rey de España, Carlos I, le granjeó bienes en Quito, convirtiéndolo en un vecino de la ciudad franciscana. Gracias a esto, él pudo ayudar económicamente a su hermana Teresa para abrir el monasterio de San José, primero de la Orden de las Carmelitas Descalzas.

Luego de fijar su residencia en Quito, Lorenzo de Cepeda y Ahumada siguió apoyando a la Corona. En esta etapa conoció a Juana de Fuentes y Espinosa, quien en 1556 se convirtió en su esposa. De su matrimonio nacieron Francisco, Lorenzo, Esteban y Teresa (la primera monja carmelita nacida en territorio americano).

Tras la muerte de su padre en Ávila, Lorenzo de Cepeda y Fuentes, se convirtió en el heredero de sus encomiendas en América. Esto lo obligó a volver a Quito, donde ocupó puestos gubernamentales y continuó ayudando a la Orden.

Su relación con la palabra

La literatura de la santa ha sido calificada como coloquial, un término rechazado por completo por Julio Pazos. Para él, la riqueza de su obra radica en su capacidad de escribir en un "español corriente", sin las pretensiones de la retórica. En textos como 'Las Moradas o Castillo Interior', dice el escritor, hay un complejo "proceso de transcribir el lenguaje hablado. Es el español en todo su esplendor". Gracias a esto, además de su espiritualidad, Pablo VI la convirtió en Doctora de la Iglesia, un grado que pone de manifiesto su intelectualidad.

El contexto

Los monasterios del ­Carmen Bajo y del Carmen Alto de Quito realizan hoy, a las 08:30, actos en conmemoración de santa Teresa de Jesús, fundadora de la Orden de las Carmelitas Descalzas.

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