3 de December de 2010 00:00

La historia es actuada y bailada

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Redacción Guayaquil

Sacrificios humanos. La llegada de los españoles. Los ataques piratas. La lucha por la independencia. ‘El museo cobra vida’ recrea, a través del teatro y la danza, estos pequeños retazos de la historia guayaquileña.

Se trata de que niños y adultos puedan tener un contacto más cercano, ameno con la historia. Es bajar a los próceres de sus retratos, y ponerlos a hablar, a mostrarse como personas.

‘El museo cobra vida’ es organizado por la Dirección Cultural del Municipio de Guayaquil. En total son 11 escenas que recorren la historia desde la época de los sacrificios punaes hasta el Guayaquil moderno, del siglo XX, pasando por las invasiones de bucaneros, la Revolución Liberal, entre otros.

Amaranta Ayala, una arquitecta que visitó la muestra, dijo estar impresionada por la actuación de los artistas. “La expresión corporal, los movimientos hacen que uno preste más atención a la historia de nuestro país”.

La impresión de ver en carne y hueso a un conquistador español es llamativo para los niños.

Estudiantes de escuelas y colegios, como el Antares o el Giuseppe Garibaldi, son una parte importante del público al que se pretende llegar.

Jorge Parra está a cargo de la coordinación. La dirección artística es de la actriz mexicana Pilar Aranda; y el guión dramático de Santiago Roldós. En total, 17 artistas salen a escena.Parra reconoce que el trabajo tenía sus dificultades por el espacio con que se contaba, ya que las escenas se representaban en los corredores del museo. “Teníamos que hacer que todo suceda como una propuesta museográfica, trabajar más con imagen, ambientación y música que con textos largos”.

Los vestuarios son llamativos. Desde los disfraces de aborígenes hasta los trajes de piratas, los uniformes de la época de independencia y los vestuarios de la modernidad.

Para Aída Calderón, actriz de 20 años, quien interpreta a dos personajes durante el recorrido, esta es una oportunidad de mostrar el teatro que se hace en la urbe. “Es una manera distinta y más sincera de acercarse a la ciudad. También de mostrar el teatro, los principios del teatro que queremos hacer”.

Para Mario Suárez, quien interpreta al narrador del recorrido y a Medardo Ángel Silva, esta fue una manera de mostrar el lado más humano de la historia. “Los íconos de la historia fueron gente como nosotros. El museo es como un jardín de niños en crecimiento”.

Son los niños quienes más gritan, comentan y participan durante el recorrido. Se asustan con los piratas, escuchan con solemnidad el monólogo sobre la vida de Vicente Rocafuerte y observan con curiosidad a los bailarines aéreos.

Usamos un lenguaje cercano y familiar, dice Pilar Aranda, quien piensa que esta actividad despierta interés en la historia. “Así los visitantes se interesan más allá de la reliquia, la antiguedad o el pasado”.

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