9 de octubre de 2014 12:47

Hermanos Lamborghini

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Fernando Escobar Páez

¿Cómo sería un canon literario argentino por fuera de Borges y el boom? ¿Qué tal si en ese imaginario que tanto peso tiene en todo el continente aparecieran dos escritores demasiado parecidos a Borges, pero a un Borges obrero trash metal y con esteroides?

Porque eso fueron los hermanos Lamborghini, lectores voraces que reinterpretaron los clásicos, perturbadora metafísica gauchesca y deliciosa ruptura. Leónidas como el poeta bisagra cuya obra marca el inicio del modernismo bonaerense propiamente dicho y un acercamiento a la poesía concreta brasileña, y Osvaldo como mito fundacional del neobarroco.

Sin embargo, tenían un gran pero que les convirtió en tabú: ambos fueron abiertamente peronistas, ese fenómeno político tan transexual que pesa como un complejo de Edipo sobre los argentinos y que es capaz de alimentar en su seno a monstruos como López Rega o Domingo Cavallo; pero también de iluminar a los cabecitas negras descamisados y a bizarros poetas metafísicos de sindicato que coquetean con el porno más duro, el psicoanálisis y los estadios de fútbol para convertirlos en verso y redención.

Pero para sus colegas porteños del siglo pasado, ser peronista y poeta era un oxímoron, lo que devino en una marginación indirecta hacia los Lamborghini, periferia y autoexilio. Solo se podía comprar sus obras a escondidas y con vergüenza, malditos sin proponérselo, destruyeron la frontera clásica entre verso y narrativa, Leónidas con el delirante y paródico ‘Odiseo confinado’, texto escrito entre los márgenes de una revista cultural a la que consideraba anquilosada y vana; Osvaldo con su Sebregondí se excede, originalmente escrito como poesía en verso pero travestido y potenciado como novela.

No puedo dejar de mencionar a la hilarante saga los ‘Tadeys’, donde Osvaldo narra la historia de unos curiosos animales sodomíticos demasiado humanos que marcan la vida alimentaria, espiritual, sexual y política de un país imaginario, algo peligroso para la academia, siempre aliada con el poder y las buenas costumbres.

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