1 de March de 2010 00:00

3 grandes restauraciones en el país

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La Radio El Prado ahora es escuela

Redacción Sierra Centro

La restauración de la casa  en donde funcionó la emblemática Radio El Prado fue una de las obras del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), tras el  decreto de emergencia. El año pasado concluyeron los trabajos en la edificación, inaugurada en 1900. La inversión fue de  USD 150 000.  Está en las calles Nueva York y García Moreno, en el centro de  Riobamba.

Según Iván Castro, director del INPC de Chimborazo, la casa tiene un estilo ecléctico y es uno de los bienes arquitectónicos más importantes de la ciudad. “En las últimas décadas, la construcción no recibió ningún tipo de mantenimiento y estaba a punto de desplomarse. La Radio El Prado es la primera emisora del país”.

Por ello, el INPC incluyó al edificio en el listado de bienes que necesitaban restauración urgente. Allí se utilizaron carrizo tejido -recubierto con barro y revestido con una capa de cemento y madera- y teja en la cubierta.  Investigaciones indican que la Radio El Prado salió al aire la tarde del 13 de junio de 1929. En esa época, Riobamba despertaba con el ruido del ferrocarril de Eloy Alfaro.

Carlos Cordovez, un ingeniero eléctrico graduado en la Universidad de Yale, era el propietario de la emisora. Una válvula especial para el equipo receptor, una antena con tubos de estrella  y micrófonos de cinta fueron parte de los equipos que diseñó.

Por  la radio  pasaron el dúo Zavala Tanca, las hermanas Clorinda y Mercedes Fierro, los Pibes Trujillo, la Lira Chambeña y otros cantantes de pasillos y  albazos. La famosa  Carlota Jaramillo, una  profesora de Calacalí,  viajaba en taxi de Ambato a Riobamba para grabar su primer disco y aquella canción que hasta ahora se tararea: De terciopelo negro.

Por 10 años, la radio fue considerada uno de los mejores logros de Riobamba. En 1940 se cerró. Cordovez volvió a  EE.UU. El Ministerio de Educación adquirió la propiedad y construyó la escuela 5 de Junio. La remozada casa está rodeada de patios amplios, donde los niños del centro juegan fútbol.

Una casa,  símbolo de la ciudad antigua

Redacción Esmeraldas

Pocos esmeraldeños saben que el Colegio Nacional Nocturno Esmeraldas fue antes la Oficina de Estancos y un centro de reclusión. El inmueble de madera de dos plantas, que fue construido en los treinta,  está en la avenida Pedro Vicente Maldonado, en el centro de ciudad. Es considerado una de joya de la ciudad.

Plácido Montaño, de 60 años, ha visto lo que él considera la vida, la agonía y la resurrección del inmueble. Con nostalgia, Montaño, rector del plantel, recuerda que así (amplias y elegantes), eran casi todas las casas de la avenida conocida como calle Malecón. “Aquí nació Esmeraldas. Hasta aquí llegaban los barcos que venían de Guayaquil. Entraban por el río Esmeraldas, para llevar los cargamentos de la tagua, el cacao, el caucho...”, recuerda.

En abril del año pasado, el edificio  fue entregado oficialmente tras ser intervenido. Se realizó una renovación integral de la estructura interna y externa, con piezas de guayacán, caoba y dormilón, comenta Montaño. Se invirtieron USD 150 000.

El antropólogo Pablo Minda cree que la importancia de preservar el patrimonio material radica en la necesidad de mantener viva la memoria histórica y articular pasado y el presente. “Las primeras casas de la ciudad, como la del Colegio Esmeraldas, nos cuentan cómo vivía la gente”, dice. Según su lectura, eran edificaciones amplias, cómodas y bien ventiladas, que reflejan la influencia europea, como los arcos de medio punto en las ventanas.

Se levantaban sobre fuertes pilotes, para enfrentar inundaciones. “Eso habla de una tecnología que les permitía vivir en armonía con la naturaleza”.

El local fue adquirido por el Estado en 1962. Entonces costó 200 sucres. Desde esa época no recibió mantenimiento, hasta la intervención del Ministerio Coordinador de Patrimonio.  Hoy, en la parte superior funcionan el Rectorado y las oficinas administrativas del colegio. Abajo están la Biblioteca y el Museo del plantel.

La vieja factoría de Atuntaqui revivió

Redacción Ibarra

Manuel Vallejos añora su trabajo en la ex fábrica Textil Imbabura. Con orgullo recuerda su época dorada en los cuarenta y cincuenta. La enorme infraestructura se construyó en un terreno de 4,48 ha en 1920 y empezó a operar en 1933, en la parroquia Andrade Marín.

En sus mejores tiempos llegó a tener 1 200 trabajadores. Generó empleo para talabarteros, carpinteros, carboneros, leñadores y comerciantes de algodón del valle del Chota, Salinas, Tumbabiro...

Con los años, se convirtió en un ícono de trabajo, emprendimiento y progreso para el Ecuador. Pero en 1965 empezaron los problemas de comercialización de los productos, el cierre paulatino de la factoría y el despido masivo de los empleados.  Entre 1985 y  2008 estuvo abandonada. Vallejos recuerda haber pasado algunas veces por ahí en ese tiempo. Sentía  tristeza por su deterioro.

En octubre de 2001, el Ministerio de Educación y Cultura, a través del Instituto de Patrimonio Cultural, declaró a la ex fábrica Textil Imbabura y sus componentes Patrimonio Cultural de la Nación. Cuatro años después, el Municipio de Antonio Ante empezó la gestión para comprarla al IESS y emprendió su restauración.

USD 973 000 se invirtieron en la recuperación de los muros, la impermeabilización y la consolidación de cubiertas. También se implementó un sistema de conducción y drenaje de agua lluvia.

Vallejos, como otros cientos de ex trabajadores, emprendieron negocios familiares que transformaron a Atuntaqui hasta convertirla en la capital nacional de la manufactura y la moda. Para los anteños, la ex fábrica está ligada con su historia e identidad.

El Municipio y el Gobierno Nacional se comprometieron a convertirla en un Centro de Interpretación Cultural y un museo.  Allí se exhibirán las máquinas originales. De hecho, sus remodeladas instalaciones ya han servido como escenario para ruedas de negocios y la presentación oficial de Expo Atuntaqui 2010. La segunda fase, que ya está diseñada, costaría entre USD 4 y 5 millones. 

 

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