3 de April de 2011 00:00

Famosos en problemas

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Juan Fernando Andrade

El autor es narrador y cronista. En el 2010 publicó ‘Hablas demasiado’ (Alfaguara). También es músico.

Si Daniel Kehlmann no fuese un joven escritor alemán, sería un rockero alemán maduro o, en todo caso, una celebridad, como la versión intelectual de David Hasselhoff, digamos. Tiene treinta y cinco años, un par de premios entre los pesos pesados, traducciones a granel y, lo más importante, tiene pulso, una voz sostenida que podría distinguirse hasta en el rincón más oscuro y sudado de un rave.

“!Una novela sin personaje principal! ¿Comprendes? La composición, las conexiones, el arco narrativo, pero ningún protagonista, ningún héroe que recorra todo el libro”, dice uno de los personajes de ‘Fama’, lo más reciente de Kehlmann, y eso es precisamente lo que pasa en el libro. Como en ‘El hombre que inventó Manhattan’ de Ray Loriga, o ‘Los informantes’ de Bret Easton Ellis, en este paseo de la fama decadente la única estrella grabada en el piso es la del autor, que se las arregla para que nueve relatos aparentemente sueltos se alineen como una tropa a la vanguardia.

Kehlmann, sin duda, es consciente de su época y quiere innovar donde dicen que ya no se puede, pero la intención de Fama es más bien retro: rendirle tributo al mero hecho de escribir y contar historias falsas que parezcan reales o parezcan historias y puedan hacernos daño. “No me conviertas en un personaje. No me metas en una historia, es lo único que te pido”, le dice una mujer a su esposo escritor, mientras éste, en otro cuento, le dice a uno de sus personajes, “Tú crees que sufres. Pero ahí no hay nadie que sufra, ¡no hay nadie!”, a lo que su creación responde, desde lo más profundo y poderoso de la ficción, “Qué cosas tan inteligentes se te ocurren. ¡Métetelas por el culo!”

Así, entre lo virtual y lo terrenal, entre ser y no ser, Fama es de manera clara y contundente una novela coral que celebra, por todo lo alto, el continuo big bang de la creación literaria. Quizás los libros, como dicen, desaparezcan un día de estos y solo de ellos nos quede la fama invisible de un rumor acalorado, pero las historias seguirán ahí porque al final del día son nuestras historias y nosotros somos caníbales.

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