20 de May de 2011 00:01

El documentalista debe hacer pensar a la gente

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Una definición para documental sería…

Pueden establecerse algunas constantes que delimitan el campo de las narrativas documentales: aluden a un mundo histórico preexistente al registro audiovisual, trabajan con huellas de ese mundo que no dependen del realizador y los personajes se relacionan en un mismo nivel de realidad, tienen unas formas de narración distintas a las de la ficción, juegan con el deseo de conocer del espectador... En la actualidad se sostiene que el carácter “documental” de una obra es construido por instituciones como asociaciones, festivales, la crítica, etc.

¿En qué momento el documental se alejó del trabajo periodístico?

Desde sus inicios. En los años 20, los cineastas Flaherty y Grierson inventaron la palabra ‘documentaire’ para referirse a filmes de larga duración que se diferenciaban de los cortos noticiosos llamados ‘actualidades’. Desde entonces el documental se deslinda de los géneros noticiosos para definirse con un tratamiento creativo de la información. Creo que el documental ocupa el lugar que tuvo el ensayo literario. En la era de la imagen y de la información, el documental es un género audiovisual que trabaja con la información pero con un fuerte componente ensayístico.

Pero al trabajar ambos con la realidad, ¿dónde radica la diferencia?

Efectivamente ambos trabajan con un mundo histórico que los preexiste, sin embargo las modalidades del cine documental son más amplias. Existen documentales clásicos que buscan la objetividad, con una modalidad expositiva, y valores similares al discurso periodístico. Muchos de los documentales de Discovery o The History Channel trabajan así. Su función es informativa, existe una voz en off impersonal que busca un efecto de objetividad. Pero existen otras modalidades más bien lejanas del código periodístico. Me refiero a documentales poéticos, ensayísticos, subjetivos, autorreflexivos que funcionan sin la necesidad de la voz impersonal y la retórica de la objetividad.

¿Qué características tiene el documental actual?

Es un documental impuro que ha perdido su ingenuidad. Trabaja libremente con los códigos de la ficción, la animación, el videoarte; se apropia de imágenes de la televisión, de la publicidad, del videoclip; circula en salas, pero también en la televisión y en la Red. Cada vez observamos con más frecuencia que el documental y los documentalistas se han tornado más conscientes de sí mismos, del tipo de lenguaje que manejan y del lugar desde donde hacen sus películas. Esto hace que el documental contemporáneo sea menos ingenuo y más autorreflexivo. El documentalista está llamado a convertirse en una conciencia intelectual que reflexiona sobre el mundo pero también sobre su propia práctica.

¿Por qué ahora se producen filmes donde el realizador es también el sujeto?

La respuesta es más compleja que el simple narcisismo. Asistimos a un agotamiento de la modalidad objetiva que supone que el cineasta asume un lugar neutro, alegoría de la mirada y la voz de Dios. Cuando el cineasta aparece en cámara plantea que está contando la película desde un lugar terrenal y una vivencia carnal. El cuerpo filmado del cineasta señala una vivencia subjetiva, para evidenciar el punto desde donde se cuenta la historia.

¿El proceso del documental en el país se corresponde con el del resto del mundo?

No. Por las características de nuestra historia del cine, existe otra temporalidad. El cinematógrafo llegó tarde al país y su historia fue muy intermitente. Esto hizo que en los 70 y 80 aún estemos madurando formas clásicas de la narración documental, mientras en el mundo ya se había instalado el documentalismo moderno. Creo que recientemente hemos logrado entrar en diálogo con tendencias contemporáneas. En los últimos 10 años se han producido mejores documentales que películas de ficción.

¿Las modalidades del documental ecuatoriano se relacionan con las estructuras sociales y de poder del momento de su creación?

Hay una íntima relación entre estas estructuras y la producción documental. Un ejemplo: en los 60 el Estado implementó una serie de políticas para fortalecer la cultura y la unidad nacional a través del mestizaje. A partir de ello se produjo un auge del cine indigenista y patrimonial que abrazó el nacionalismo de Estado. En los 90 el levantamiento indígena pateó el tablero de la cultura nacional, y los documentalistas cambiaron su lugar de enunciación para solidarizarse con las luchas indígenas. En la actualidad asistimos a una multiplicación de las diferencias e identidades, a tono con ello vemos un documental de la población carcelaria, las diversidades sexuales, la negritud...

¿Por qué en el Ecuador se produce más cine documental que cine de ficción?

Está el hecho de los costos; el de un documental es mucho más bajo que el de una ficción. Además, creo que el documental se ha convertido en una flexible y potente herramienta para la expresión de conflictos y problemáticas personales, sociales y culturales que no son posibles de abordar en el anquilosado lenguaje del cine de ficción que se hace en el país.

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