1 de May de 2010 00:00

Doce esculturas del pueblo afro se exhiben en Ibarra

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Redacción Sierra Norte

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Los modelos y las esculturas posaron juntos, como lo hicieron durante la inauguración de la muestra de foto-escultura afro, que se expone en Ibarra. Fue el pasado jueves, cuando la banda mocha de Chalguayacu puso la música a ritmo de bomba. Es una de las pocas veces en que la gente del Valle del Chota y de Esmeraldas es admirada en imágenes, modeladas en barro y fundidas en fibra de vidrio. Algunas, como Zoila Espinosa, incluso llegaron a la exposición con la misma ropa que sirvió de modelos para que la escultora ecuatoriana Alice Trepp Gloor las recreará. A doña Zoilita, como le dicen sus amigos, solo le faltaba bailar con la botella en la cabeza, como lo hacen hábilmente las mujeres del valle imbabureño, para imitar a una de las esculturas modeladas en su honor.La exposición muestra 12 figuras en tamaño natural. El pintor Nicolás Herrera destacó la precisión de las proporciones y formas de los cuerpos. Evita Lara, oriunda de la comunidad de El Chota, sonreía al ver las imágenes de sus vecinos. “A don Evangelista Viveros no le falta ni una arruga”, decía, tras observar la imagen de un hombre alto sentado junto a sacos repletos de cebollas paiteñas. Al costado de la figura, pintada con acrílicos y pigmentos, estaba Viveros, de cuerpo presente, comerciante de Chalguayacu, Imbabura. Serio, como siempre, fumaba. “Pero vea nomás a este vago”, continuaba bromeando Evita Lara con sus amigas, refiriéndose a una escultura de 2,50 m. La obra titulada ‘El descanso del pescador’ muestra a un hombre de pantalón corto descansando sobre una hamaca multicolor. La exposición la complementan fotografías de personajes afroecuatorianos captados por Édison León y Patricio Estévez. La muestra que estará abierta hasta hoy en la casa de la Ibarreñidad (Bolívar y Flores) recorrerá, desde el lunes, varios sitios públicos de Ibarra. Durante 10 días se exhibirán en el Municipio la Esquina del Coco, la Empresa de Agua Potable, el Mercado Mayorista, la Terminal Terrestre y el Patronato Municipal. Es decir, los sitios más concurridos de la ciudad.

La responsable de esta muestra es Alice Trepp Gloor. La escultora es hija de un suizo y una ecuatoriana. Dice que tiene “un montón” de años. Creció en Europa. Ahí admiró los museos de varias ciudades. A su regreso al país se interesó más en la cultura ecuatoriana, llena de color y variedad. Se considera autodidacta. Ha recibido cursos de arte en la Universidad San Francisco de Quito. Alice, de sonrisa fácil y diálogo fluido, recuerda que esta nueva experiencia, como ella la denomina, se inició en el 2002 en el Mariano Aguilera. Ahí elaboró un hombre y una mujer de chocolate. Con el tiempo cambió esta textura frágil por la fibra de vidrio. “Antes me demoraba mucho. Ahora elaboro una escultura en 20 días, trabajando 10 horas diarias. Pero quisiera tener 10 manos para hacer más esculturas”. Uno de los méritos de su obra: junto a las esculturas está una breve síntesis de los personajes. “Aquí tenemos a Jairo Quintero... En el tiempo que compartió con la escultora, mostró los intereses de su edad. Así la ilusión de tener un celular de moda, le animaba, en ese momento, desde su situación de niño trabajador...”, dice un rótulo. Se trata de la imagen de un adolescente, sentado con una caja de caramelos sobre las piernas. Usa jeans y una gorra roja volteada hacia atrás. Se resalta la camiseta, de rayas blancas y rojas, ubicada en una banca junto a él. Alice no dejó escapar detalles, como un escapulario blanco, colgado en el cuello del muchacho, y un arete en la oreja derecha. La escultora dice que durante las jornadas de trabajo conoció mucho de la vida de los personajes que le sirvieron de modelos. Para ella, esta es la parte más importante de su trabajo.

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