21 de September de 2012 00:04

Sus defectos las hacen ser ‘top ten’

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En el mundo de la filatelia las estampillas ‘top ten’ se definen, básicamente, como las más raras.

Es decir, las primeras emisiones, aquellas con errores de impresión, las de diferentes tonalidades de un mismo color, las que tienen su diseño original en lápiz; o por la cantidad que se emitió, su bagaje histórico su sistema de producción, e incluso por tratarse de una falsificación.

Las estampillas, sellos y enteros postales con estas características son, sin lugar a dudas, los que más atractivo tienen para los filatelistas, ya sean principiantes, avanzados, jóvenes o adultos.

Al contrario de lo que, posiblemente, podrían pensar lo ajenos al mundo de los ‘cuadraditos de papel’, la estética, en sí, “no es tan importante para el filatelista”, confiesa Georg Maier, destacado filatelista ecuatoriano.

“Somos el único tipo de coleccionismo que busca lo imperfecto. Mientras más defectos tenga el sello, más raro nos parece y más valor intrínseco tiene”, comenta el español Francisco Gilbert, juez de la Primera Exposición Filatélica del Pacífico Sur, que se lleva a cabo en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica, hasta mañana.

La colección invitada a esta muestra, ‘St. Pierre et Miquelon (comunidad francesa de Ultramar), Le Renard de 1952’ tiene piezas consideradas ‘top ten’ de la filatelia. Una de las estampillas reproduce un grabado de un zorro sobre una piedra , con la mirada inquiriendo al espectador.

Gilbert explica que son únicas pues “el coleccionista tiene el diseño original del sello. Eso las hace singulares porque se muestra el proceso que hubo antes de la impresión”.

Y es que cada país tiene su ‘vaca sagrada’. La colección del peruano Carlos Brennis, ‘Perú:1858-1873. Estudio de las primeras estampillas emitidas por el Gobierno peruano’. Son ocho marcos, de los 241 de la exposición, con estampillas impresas en litografía (proceso en el que el artista hace el diseño de la estampilla sobre una piedra, luego lo traslada a una más grande y después a un pliego). Y es en ese proceso en donde ocurren variedades y por ende una ‘rareza’ de la filatelia.

En la prefilatelia (marcas o sellos aplicados a la correspondencia antes de 1840) también existen esas ‘rarezas valiosas’. Por ejemplo, en la colección de Maier, ‘Prefilatelia Colonial. Real Audiencia de Quito, 1769-1822’, las cartas certificadas (aquellas que debían ser entregadas a la persona a quien estaban dirigidas y firmar un aviso como comprobante de haberla recibido) son la ‘cereza del pastel’. Esas cartas tienen marcas en las esquinas y costados, lo que evidencia que fueron entregadas en las manos del receptor. En una colección de cinco cuadros, hay dos cartas de este tipo, lo que muestra lo ‘extraño’ de esa pieza.

Y es que después de unos pocos ejemplos de casos de características ‘extrañas’, no está de más citar al chileno Patricio Aguirre, miembro del directorio de la Federación Interamericana de Filatelia: “Los sellos más escasos y raros del mundo son feísimos y esos son los que nos encantan”.

Así, para el ajeno a la filatelia, ‘el bicho raro’, es el premio.

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