16 de October de 2012 00:04

Curaduría: un terreno que se transita poco aquí

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El recientemente entregado Premio Nuevo Mariano, que reconoció con becas a 10 proyectos de arte, en las categorías de creación, investigación, publicación y nuevas pedagogías, dejó desierta la de Curaduría. Siendo testigos de la emergencia de artistas y de propuestas creativas, este vacío en el reestructurado premio es, acaso, un llamado de atención sobre estos actores de las artes visuales: el curador o el comisario de arte.

Sobre la curaduría se puede decir que es la función de posibilitar la exposición, la valoración y la administración de bienes artísticos. También que conjuga el concepto, la intención y el montaje de una exhibición. En algunos casos se trata de narrar una historia o desarrollar una temática. Trinidad Pérez, historiadora del arte y catedrática, hace una comparación con la Literatura, donde el curador, sería el editor. “Seleccionar obras representativas, definir un concepto, facilitar la comprensión, levantar un ‘corpus’ de propuesta de exhibición...”.

Más de una vez este rol ha sido cuestionado por tratarse de una “posición de poder” ante el artista y su obra, en medio de los ámbitos galerísticos y de mercado del arte ; en otros casos resulta en una puesta en escena que complementa la visión del artista.

Según Ana Rosa Valdez, coordinadora del Premio Mariano Aguilera, cuatro propuestas se presentaron para curaduría; sin embargo no fue el jurado quien tomó la decisión de declararla desierta, sino el comité técnico, que realizó la preselección. Además de la ya citada Trinidad Pérez, Miguel Alvear, Melina Wazhima, Edgar Vega y Romina Muñoz fueron parte de ese comité.

Vega dice que el argumento más importante para declarar desierta la categoría fue que en ninguna de las aplicaciones de las propuestas había, justamente, una propuesta curatorial; por ejemplo, recibieron una para realizar un festival y otra que no tenía definido el objeto de la curaduría. Mientras que Pérez complementa que el primer criterio fue mantener la rigurosidad dispuesta ante las otras categorías, y que al momento de revisar las propuestas de curaduría, ninguna era lo suficientemente sólida como para pasar a la selección oficial.

Además se recibieron pocas postulaciones, lo cual fue una sorpresa tanto para Vega como para Pérez. Primero porque quienes tienen una larga tradición en estos temas no se presentaron a la convocatoria (tal vez por el límite de edad propuesta en las bases: máximo 45 años). Segundo, porque, a pesar de que hay una tendencia de profesionales jóvenes que buscan insertarse en procesos curatoriales, sus propuestas difuminaban los límites, hasta mezclar curaduría con difusión o prácticas educativas; es decir, no hubo una clara comprensión de en qué consiste una curaduría.

Sobre si esto es un síntoma en el campo curatorial del Ecuador, Vega señala que calificar desierta una sección de un premio siempre abre interrogantes, no solo al interior del arte contemporáneo, sino entre el arte y otros actores de la valorización de las obras. Mas no lo asume como una medida culposa, sino como un llamado de atención a la academia (sector que él integra) o a la gestión pública. Y se pregunta qué se está haciendo para crear criticidad frente al campo artístico, para generar instrumentos teóricos para hablar sobre una obra que crece gracias a la emergencia de la actual escena contemporánea.

Para la curadora Mónica Vorbeck, esta disciplina implica una formación en el área teórica de las artes, lo cual es un vacío en la oferta educativa del país; algo que se evidencia en la escasez de propuestas presentadas al Nuevo Mariano, premio que “debería rever los rangos de edad para participar en esta categoría”. Además apunta que la curaduría es una práctica muy reciente y de muy poca facilidad en el Ecuador.

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