23 de December de 2012 00:02

En las cúpulas de la Catedral resonó la música de Mozart

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Desde muy temprano, varias personas estuvieron sentadas en las bancas de la Catedral Metropolitana de Guayaquil esperando que Mozart reviviera en los músicos y sus instrumentos. Para los espectadores, el programa musical era uno de los eventos más esperados de este mes.

La Gran Misa en Do menor de Wolfgang Amadeus Mozart congregó a fieles y amantes de la música. La pieza fue interpretada por la Orquesta Sinfónica de Guayaquil (OSG) y su coro Festiva, junto a cuatro solistas, el miércoles.

No fue fácil -expresó la soprano Jasmine Yacelga- ya que se tuvo que ensamblar orquesta, voz y coro. La Misa en Do menor -inconclusa, ya que no posee el Agnus Dei- fue creada por el austriaco entre 1782 y 1783.

Sara Valencia trata de no perderse las presentaciones de la agrupación. Para ella, la sublimidad de la obra y el lugar son aspectos a los cuales no se les puede encasillar en palabras. A pesar que empezó con 21 minutos de retraso, el ambiente no era tenso ni la audiencia apremiaba el inicio.

En las columnas de la Catedral había plasmas para que toda la audiencia pudiera apreciar el ensamble. Bajo la batuta del maestro David Harutyunyan, 48 músicos de la OSG, 80 del coro Festiva y cuatro solitas: la ya mentada Yacelga, Irina Valchak (soprano), Freddy Godoy (tenor) y Roy Espinoza (bajo) interpretaron una de las dos obras cumbres de Mozart.

La composición la creó Mozart para que fuese interpretada en su matrimonio con Constanze Weber (que además cantó como soprano solista ese día). En la parte de Jesu Christe, hay un fragmento en donde el compositor marca la entrada de la novia a la iglesia.

En la presentación, el coro, la orquesta y los solistas se lucieron con las fugas (en lugar de una melodía predominante, son dos, tres o cuatro las que tienden a destacarse constantemente). También con los cromatismos (notas alteradas –bemol, sostenidos- que producen semitonos) y en los fragmentos donde están divididos por tonos y enseguida por semitonos.

“Armónicamente, genial. Pero necesita muchas precisiones, ya que si nos retrasamos un poquito ya se escucha un desfase”, dijo Yacelga. Para la reconocida soprano Beatriz Parra la presentación fue “excepcional”, ya que “es muy exigente”; además señaló que ella, en su carrera, la ha cantado en varias ocasiones. También resaltó el trabajo de las sopranos, por sus saltos de tono, y la labor del coro.

En un momento, en la pieza, el coro se divide en dos cantando a ocho voces. Una parte del coro se expresa y la otra le responde. Ellos mantuvieron ensayos desde hace dos meses y medio.

La mayoría de los integrantes del coro son personas que no tienen conocimiento musical. Apenas 10 de ellos son profesionales. Aun así, esto no fue impedimento para interpretar la pieza. Los miembros de Festiva fueron capacitados por jefes de cuerdas (contralto, soprano, bajo y tenor) y aprendieron la Gran Misa en Do menor a oído.

Para el tenor Álex Rodríguez, la acústica de la iglesia fue excelente, ya que la obra fue hecha para este tipo de escenario. “A pesar que hubo unos pequeños desfases entre el coro y los solistas, por la propia acústica, la orquesta supo mantenerse cohesionada”.

Al final de la interpretación, los espectadores ovacionaron al elenco. Con este concierto, la OSG cerró su temporada de presentaciones de este año.

Sobre la orquesta Este año, el presupuesto fue cerca de USD 200 000. La orquesta necesitaría USD 500 000. Pero espera que en cuatro años, la agrupación cuente con todo lo que necesitan.

Los miembros del coro Festiva no son remunerados. Solo se les reconoce la movilización.

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