8 de September de 2012 00:01

Contada por el Titiritero de Banfield, la vida es maravillosa

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La experiencia inolvidable de hablar con el Titiritero de Banfield –casi siempre reservada a periodistas o amigos suyos– dejó de ser exclusiva la noche del jueves en el Teatro Variedades. Sergio Mercurio, el Titiritero, ofreció un espectáculo distinto, en el que hubo más conversación y menos títeres.

Con ‘De Banfield a México’, Mercurio completó la tercera jornada de Sudaka Festival de Teatro, que continúa hasta el 13 de septiembre en Quito.

La historia comienza con un joven Sergio entusiasmado con la idea de ir a caballo desde la Patagonia hasta Alaska. El relato de una sucesión de eventos tan descabellados como jocosos entabló la conexión –que se mantendría toda la noche– entre el titiritero y los asistentes que llenaron el Variedades. Entonces entró en escena Boby, uno de los tres títeres que hicieron aparición. Las escenas con los muñecos eran una especie de ‘intermedios’ en la historia del viaje del titiritero entre Banfield y México. Un periplo que duró 12 años ( 1992, Argentina – 2004, México; y en el medio estuvieron todos, o casi todos, los países de América Latina).

Más de una hora transcurrió entre un poco de charla y un poco de títeres. La atmósfera de camaradería que creó el titiritero con el público fue total. Después de pelearse con Boby, porque el títere simplemente cree que Mercurio dice un montón de estupideces y duda ‘por default’ de cualquier titiritero: “¡Un tipo tan cagón que se esconde detrás de un muñeco!”, hizo un alto y pidió que la gente le haga preguntas sobre su viaje. Cualquier cosa.

La primera fue: ¿Qué fue lo más impresionante que viviste? “ Haber descubierto quién soy, romper con las estructuras que tenía”. ¿Te cansaste?, fue la segunda. “Sí, me cansaron muchas cosas, sobre todo ver las máscaras con que vivimos todos. Y también perdí el gusto por el viaje, y ahí decidí volver a Banfield; allí leí mi diario y descubrí cómo quería terminar el viaje”.

Luego de las presentaciones de Virginia –una enamorada de la vida– y el borracho –un maniático sexual–, Sergio contó la última anécdota: la de un hombre que había pasado la mitad de su vida preso, en la Patagonia, a quien conoció en la cárcel en una función y volvió a encontrar luego ya en libertad. Un hombre que lo abrazó al tiempo que le decía: “La vida es maravillosa”. Con esta frase, Mercurio despidió el show y la gente aplaudió a rabiar.

Hoy a las 15:00, es el conversatorio ‘Hibridación en el teatro contemporáneo’, en la Aso. Humboldt. A las 17:00 ‘2 + 1 > -1’, de Cactus Azul, en su sala en Pifo. Y Tragaluz, con ‘La edad de la ciruela’, en el Variedades, a las 19:30.

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