9 de March de 2012 00:06

Ciudades ideales en una muestra

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En el siglo XV, las ciudades concebidas como ideales, se basaban en el mismo principio en el que hoy se inspiran las urbanizaciones privadas: mundos cerrados, protegidos de pies a cabeza. Eran tiempos de conquistas, claro, y estar seguros, como ahora ante la creciente delincuencia, era una necesidad.

Esa idea tomó como referencia el artista guayaquileño Dennys Navas para elaborar su exposición a la que llamó‘Cul De Sac’ (término occitano para designar un lugar sin salida). Con esta muestra, Navas se gradúa en la carrera de Artes Visuales, especialización Pintura, del ITAE.

Ciudad de la verdad es una obra en la que se vislumbra una urbe amurallada. Las casas están distribuidas en ordenados bloques. Fuera del territorio se observa un gran bosque donde ocurre todo lo contrario: los animales deambulan a su merced, nada tiene un orden fijo, reina el caos. Los trazos fueron hechos con grafito y acrílico sobre lienzo.

La misma temática tienen las obras Espiral y Ciudad del Sol. También son ciudades cerradas. La primera, como el nombre lo dice, está hecha con trazos en espiral. Una de esas líneas curvas está trazada justo al borde de un río, ubicado a las afueras del aparente mundo cerrado. ‘Ciudad del Sol’, en cambio, está basado en la obra, que lleva el mismo nombre, escrita por el filósofo italiano Tommaso Campanella en el año 1602. En ella Campanella pone de manifiesto, de manera utópica, su concepción de ciudad ideal: un territorio rodeado por 7 murallas, cada una de ellas dedicada a un astro. Lo que hace Navas es recrear la idea del italiano.

Si uno sigue recorriendo la muestra, ya no se topa con cuadros sino con maquetas. La primera está en el piso. ‘Maqueta para cultivar’, se llama. Se trata de una pequeña casa que crece sobre una maceta con tierra de sembrar. Está hecha con materiales sintéticos y orgánicos, como el techo que posee de zinc y los pequeños ladrillos, sin enlucir ni pintar, que cubren el hogar.

Más allá se ubica la maqueta denominada ‘Dulce pasto de invierno’. El espectador tan solo alcanza a ver los cuernos y patas blancas de cinco vacas. Sus cuerpos permanecen ocultos por el imponente pasto verde. Es una obra grande, de 200 x 200 x 30 cm. Todo queda a la imaginación de quien la ve.

Y como remate de este recorrido, que tuvo la curadoría de Rodolfo Kronfle, está una pieza sin título. Se trata de la maqueta de una casa que está volteada, como si le hubiese pasado un poderoso huracán. A la base de este hogar le han crecido raíces propias de una planta. Hay tierra de plantar regada. Todo es un caos.

“Tú ves la casa y te preguntas: ¿Fue sacada del suelo o está esperando ser sembrada? La pieza quiere levantar preguntas”, aclara, sin hacerlo del todo, Navas.

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