6 de June de 2010 00:00

Cinco obras de Cádiz en Quito

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Redacción Cultura

Un compendio de creaciones plásticas cruzó el continente para traer al espectador reflexiones de identidad e historia.‘Transartlántica’ es la muestra de seis artistas jóvenes gaditanos, quienes a través de la fotografía, escultura, pintura y video plasmaron su visión de la creatividad y saberes ancestrales.

Así, las obras que ahora se exponen en el Centro Cultural Metropolitano poseen un espíritu renovado en la vanguardia del arte del siglo XXI. ¡Cómo habitar un no-lugar! es la muestra pictórica de Alejandro Botubol (1979). En ella el artista reflexiona sobre los no-lugares de la grandes ciudades definiéndolas como zonas muertas.

Sitios que no tienen una referencia cultural y en las que no se podría decir que alguien vive, pero que toda persona recorre. Botubol utilizó óleo sobre lienzo para plasmar las huellas que el hombre deja en espacios vacíos.

Invita al espectador a preguntarse cuán relacionado está con los objetos tan sencillos como los helados, las pelotas, las ruedas...

Máquinas es la obra de Pablo Fernández-Pujol (1977). Por medio de distintos planos tridimensionales de una araña, que componen una secuencia de su trabajo Jungla personal, Fernández compara la naturaleza con la tecnología moderna.

En cada cuadro, el animal es una máquina sofisticada con autonomía y sincronización de movimientos. El artista utilizó el óleo sobre lienzo para identificarse con la tarántula, un animal exótico en España.

El hierro forjado sobre madera en cinco figuras reflejan la mitología de Cádiz, fundada hace 3 000 años. Balbino Montiano (1974) pretende llegar al ancestro de la ciudad española con tres personajes importantes dentro de su historia. Hércules, las puellaes (bailarinas del sur de la Baetica, fuesen o no de Gades) y los atunes que servían como sustento para los gaditanos hace cientos de años.

Chapas recortadas, pletinas estiradas y barras de hierro aplanadas dan vida a los personajes de la mitología griega que, según su autor, caracterizan a Cádiz, en España.

Una caracterización de personajes, pero ahora de la cotidianidad fue plasmada en la exposición de Ana Lorente (1979). La pintora escoge para su muestra el arte en fotografía con el fin de demostrar que las personas son más que un número social.

Lorente trata de descubrir la verdadera cara de 16 personas que viven y sienten diferente. Al pie de cada fotografía, cada uno de los modelos escribe sus aficiones, sus gustos y lo que en verdad les hubiese fascinado ser y aportar en la vida.

Al levantarse las caretas que cada uno tiene en su primera foto se puede observar la alegría, el llanto, la ansiedad y las dudas que identifican a la gente.

Al fondo del salón de exposiciones está Versus, dos videos de Andi Rivas (1975) y Raúl Gómez (1977). En la muestra ambos fusionan las formas ancestrales con la estética contemporánea para demostrar que la vista no se cansa de percibir movimientos repetitivos.

Esta creación fue inspirada en los mandalas (diagramas complejos) y de cierta manera obliga al espectador a elegir qué es lo que quiere y no ver.

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