26 de April de 2011 00:00

Chile se queda huérfano de Gonzalo Rojas

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Más de 70 años dedicado a la poesía, más de cuarenta libros editados y un lugar indiscutido entre los más grandes poetas que haya dado Chile en su historia. Eso es parte de lo que deja Gonzalo Rojas con su partida, ayer, a los 93 años de edad.

Sin embargo, en autores como él hay una historia que no se acaba con la muerte, sino que continúa desarrollándose tras ésta, tal como han demostrado Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Pablo de Rokha, Vicente Huidobro y Enrique Lihn, entre otros con los que el vate nacido en Lebu se codea.Porque Rojas es, desde hace mucho, uno de los más grandes nombres en la historia de la poesía chilena, reconocimiento que alcanzó a percibir en vida. De ello son prueba los numerosos galardones que recibió, entre ellos el Nacional de Literatura (1992), el Reina Sofía de España (1992), la Orden al Mérito Gabriela Mistral (2009) y el prestigioso premio Cervantes (2004), considerado el Nobel de las letras hispanas.

Pero además de los galardones y los aplausos del mundo literario, está el reconocimiento público que Gonzalo Rojas recibió. De Chile, el poeta conoció el dolor del exilio (1973) y el desarraigo, pero también la cercanía de un pueblo que rescató su obra desde la zona lejana en que gran parte de la poesía suele mantenerse.

Una de las pruebas más elocuentes de ello está en ‘Qué se ama cuando se ama’, poema publicado por primera vez en 1964 en el libro ‘Contra la muerte’, pero que en los años venideros sería plasmado en miles de pergaminos y postales. Pero no sólo eso consiguió Rojas con ese libro. El poemario, además, terminó de instalarlo en un lugar de privilegio en la poesía nacional, y se transformó en una de sus obras más celebradas. De ello es prueba la encuesta Bicentenario publicada por El Mercurio el 18 de septiembre de 2010, en que muchos de los más relevantes escritores nacionales de la actualidad escogieron los títulos esenciales de toda la historia literaria chilena. Allí, ‘Contra la muerte’ aparece en el lugar 11.

Otros títulos que revelan la preocupación de Rojas por los temas universales del hombre y sus circunstancias, son ‘Del relámpago’ (1981) y ‘La miseria del hombre’ (1948), su primer volumen publicado, y que larga un continuo de más de 40 ediciones.

En ellas, además de su obsesión por temas tan vastos como el amor y la muerte, Rojas revela también su particular acercamiento al surrealismo, movimiento del que formó parte oficial a través de su fichaje en La Mandrágora (1938), aunque en sus versos se expresara de forma mucho más intuitiva y personal.

Y aunque llegó a ser un activo político —fue diplomático y embajador en el gobierno de Salvador Allende—, el mayor compromiso de Gonzalo Rojas fue siempre con la libertad y con sus propias concepciones. Así, en una entrevista concedida en 2009 a la agencia internacional ANSA, el poeta aseguraba que “el hombre en general, en estos parajes nuestros llamados Iberoamérica, está enfermo de miedo, porque está como incapacitado para marchar con la fiereza y la gracia de los muchachos (...) del siglo XIX”.

Pero si de definirlo se trata, nadie mejor que él mismo para hacerlo. En parte fue ése el ejercicio que hizo en uno de sus últimos poemas (2010), ‘De qué más se te acusa Gonzalo Rojas’, que desarrolla 23 puntos, de los cuales aquí resumimos los fundamentales. De todo esto Rojas se acusa:

“1) De libertino y adivino, ciego por fuera pero no por dentro, de bazofia y más bazofia, de fibrosis pulmonar desde el 2003, pero el paisano no se queja. 2) De andar en los cien y seguir viviendo como un loco sin ser ningún Apollinaire. 3) De no dar nunca con el tono. 4) De mear contra el cielo, de escupir a Dios por escupir(...). 5) De seguir escribiendo lo inescribible (...). 7) De apestado por los premios, yo no concursé. 8) De viudo inconsolable sin ninguna de las dos. 9) De no haber muerto a tiempo y seguir sangrando por la nariz. 10) De confiar en cuanto analfo anda por ahí en la maniobra de la publicidad vergonzosa. 11) De no haber nacido en México con todo el hambre de México que me sobra. 13) De silbador de serpientes para ver si vienen las estrellas. 14) De no haber vuelto a besar a mis 5 hermanas que era todo lo que tenía (...). 15) De con arrimo y sin arrimo aguantar el huracán. 18) De nadar torrencial a los 18. 19) De haber nacido heraclíteo con manchas de parmenídeo. 20) De no haber olfateado el corazón de no sé quién. 21) De dormir en pelotas por si se cumple en mí la resurrección. 22) De llegar desnudo a los diez mil y que se hunda el Mundo. De eso. 23) De eso será que se me acusa.

Tres libros capitales

‘La miseria del hombre’ f ue publicado en 1948. Entonces la publicación recibió malas reseñas en la prensa, pero el apoyo de los poetas. “Me ha removido y, a trechos, me deja algo parecido al deslumbramiento de lo muy original, de lo realmente inédito”, expresó entonces la poeta Gabriela Mistral.

‘Contra la muerte’ fue la segunda obra que publicó Rojas, 16 años después de su primer libro, en 1964; esta vez contó sus poemas contaron con una acogida mayor. “Sin presumir, puedo decir que ‘Contra la muerte’ situó mi nombre en América Latina", recordaría luego de muchos años el poeta.

Con ‘Oscuro’, en 1977, le llega la consagración en el mundo de las letras. El libro salió a la luz en Caracas; en esa ocasión el mexicano Carlos Fuentes dijo que Rojas era parte ya del arco lírico latinoamericano junto a Rubén Darío, Leopoldo Lugones, Vicente Huidobro, Pablo Neruda, César Vallejo y Octavio Paz.

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