11 de December de 2010 00:00

El celta de Vargas Llosa es humano

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Ivonne Guzmán,

Al llegar a la página 446 es difícil no sentirse de alguna manera ligado a Roger Casement, ‘el celta’ que protagoniza la más reciente novela del Nobel peruano Mario Vargas Llosa, quien ayer recibió el galardón en la Academia Sueca, en Estocolmo.

‘El sueño del celta’ (Alfaguara 2010) está enmarcado en el género de la novela histórica, pues Casement efectivamente vivió entre finales del siglo XIX e inicios del XX, y luchó por los derechos de los negros de El Congo y los indios de la selva amazónica peruana, para finalmente terminar embarcado en la lucha independentista irlandesa, que fue la razón por la cual perdió la vida en una horca.

Dotado de su pluma exacta y de una intuición digna del oficio de escritor, Vargas Llosa logra dotar a Casement de la humanidad necesaria para que el lector se sienta cómodo en su compañía.

El relato, que comienza en la celda de una cárcel londinense muestra ya a un hombre derrotado, pero no por eso envilecido. En Casement se reúnen todas esas pequeñas características que nos hacen humanos: el miedo, la esperanza, la tozudez, la memoria, el deseo...

Una breve pincelada de sus primeros años, cuando conoce la orfandad y la desolación, ya introduce al lector en ese ser un tanto sombrío y flemático, que sin saber ni cómo se convirtió en un ferviente defensor de causas perdidas, todas humanitarias.

Las denuncias que hizo en su momento le merecieron varios reconocimientos en Inglaterra, especialmente, y algunas medidas parche tanto en El Congo como en Perú, pero las situaciones de injusticia, dolor y desesperación siguen incólumes 100 años después, como el mismo Vargas Llosa constató en sus visitas a los lugares en los que vivió Casement, mientras estaba escribiendo la novela.

Héroe y villano, adorado y vilipendiado; nacido protestante y muerto católico, Casement visitó el cielo y el infierno en vida, y de ambas experiencias sacó las fuerzas para resistir el terror del final, para abandonar el deseo de seguir viviendo, en medio de todas sus contradicciones.

Un verso de Virgilio para Vargas Llosa

El escritor peruano Mario Vargas Llosa se convirtió ayer oficialmente en el premio Nobel de Literatura 2010, después de que el rey sueco Carlos XVI Gustavo le entregara en Estocolmo el diploma y la medalla que acreditan el galardón. “¡Acérquese y reciba el Premio Nobel de la Literatura de este año de la mano de su majestad el rey!”, lo invitó en castellano el escritor Per Wästerg, presidente del Comité Nobel de la Academia Sueca.

Vestido con un frac de gala negro, Vargas Llosa avanzó por la tradicional alfombra azul de la Sala de Conciertos de Estocolmo para recibir en el centro el galardón de manos de Carlos XVI Gustavo. “La escritura de Mario Vargas Llosa ha formado nuestra imagen de Sudamérica y tiene su propio capítulo en la historia de la literatura contemporánea”, dijo antes Wästerg.

Vargas Llosa fue el sexto galardonado de este año en levantarse en la Sala de Conciertos para recibir la distinción. A partir de ese momento el Nobel peruano tiene una medalla con un verso de Virgilio que reza en latín ‘Inventas vitam juvat excoluisse per artes’ (‘Quienes ennoblecieron la vida descubriendo las artes’ es la traducción común al castellano del verso 663 del sexto canto de La Eneida, del célebre poeta romano Virgilio).

Arequipa, la ciudad donde nació hace 74 años Vargas Llosa, estuvo ayer embanderada y siguió la ceremonia de entrega del galardón desde la plaza central. El Nobel visitará su ciudad natal en los próximos días.

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