28 de September de 2012 17:00

Un café con la poesía de Julio Pazos

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Tener a Julio Pazos como contertulio en una mañana quiteña resulta un verdadero placer. Su voz calma va de la anécdota al poema y de la ironía a la palabra amiga. Son poco más de las 10:00 y momentos antes el poeta, nacido en Baños en 1941, estaba sumergido en la redacción de un texto sobre las fiestas del maíz. Lo acompañaba su esposa, Laura. La cabellera blanca de ambos jugaba con la luz solar que ingresaba por la ventana del estudio, cuyas paredes se cubren de una bien nutrida biblioteca, con títulos de literatura, de arte y de teoría.

Ahora ella ha descendido para preparar un café. “¿Pasado?”, pregunta Laura; y Julio con paciencia ante la obviedad responde: Pasado, pues, cómo más va a ser. Minutos después, el café espeso y delicioso, apenas con un poco de azúcar para el poeta y ninguna para mí, se torna en una experiencia palatal solo comparable con la deliciosa charla. Pazos cuenta sobre infortunados poetas poco conocidos, amigos y alumnos de él, que llevados por el extraño y bello mundo de la literatura, respiraban palabras para exhalar angustias.

Luego, con una larga calada a su Marlboro blanco, se da a la confidencia de las vicisitudes pasadas en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, habla de las administraciones de Restrepo, de Alvear, de Pérez Torres, de Rodríguez y del proceso que concluyó con el regreso de Pérez Torres. Mientras su mente explora décadas pasadas, le asalta alguna anécdota y también una sonrisa; se refiere a Jorgenrique Adoum, pero en un plano más cotidiano, alejado del culto a la personalidad que tanto corrompe el recuerdo de las personas.

Julio aplasta el cigarrillo en el cenicero ubicado junto a las tazas de café y un montón de papeles y fichas de investigación, que con la poesía lo mantienen activo en sus años de jubilación. El olor del café y del tabaco se mezcla con el de la mapawira que asciende desde ‘El Ajicero’, el restaurante con platos de exquisita preparación que Julio regenta con sapiencia y deleite. Entonces el gusto también fue mío al escucharlo leer sus poemas, de diferentes libros y diferentes etapas, un gusto que compartimos con usted, inteligente lector.

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