Bemoles de la mediación

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Ivonne Guzmán  Editora de Cultura

Los hay, como en botica, de todos los tipos. Algunos han estudiado Artes, otros Turismo; los hay conversadores o distantes. Y los hay informados o completamente perdidos; lo último es grave cuando se trata de mediadores, que están en las salas para complementar provechosamente la experiencia del espectador.

Al parecer, las precauciones que se tomaron para capacitar a los mediadores de la Bienal no dio frutos parejos en cuanto a la capacidad de estos para afrontar con solvencia las conversaciones con el público.

En el Museo de Arte Moderno, por ejemplo, es difícil advertir su presencia; quizá por la cantidad de salas quedan de alguna manera invisibilizados y por lo tanto son 'inútiles' para la mayoría de visitantes. En otros casos son visibles y hasta están dispuestos a responder o comentar algo, pero el nivel de sus conocimientos de la obra y los artistas es tan básico que resulta preferible que se queden callados.

Pero también están quienes hacen de la visita una experiencia completa, como pasa con Carla Torres, en el Museo de la Medicina; sus aportes sobre obras y artistas son valiosos. También es el caso de Fredy Sánchez y la obra de Manuela Ribadeneira, de la que maneja varios detalles, que comparte con amabilidad. Pero él no es mediador, es un guardia de seguridad, encargado de la sala, que tiene más voluntad y agudeza que muchos de los chicos que supuestamente están contratados para ser mediadores.

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