19 de May de 2010 00:00

El ballet clásico de Rusia se despidió de Quito

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Redacción Cultura

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Ocupó una de las butacas de las primeras filas del Teatro Bolívar. El guayaquileño Eduardo García nunca se levantó de su asiento hasta que finalizó la presentación de la compañía Royal Russian Ballet.

No fue la primera vez que presenció la elegancia de la escuela rusa de ballet. “He tenido la oportunidad de verlos en otras ocasiones. Admiro su precisión y, en particular, su excelencia”.

El público que asistió el lunes al Teatro Bolívar, era heterogéneo.

Natalie Calero, ingeniera química, también disfrutó de la gracia del cuerpo de baile. “Este es un arte donde se conjuga la suavidad del ballet con la fortaleza de los bailarines. Es impresionante cómo se entregan en cada escena”. Tras la presentación de la segunda parte del Lago de los Cisnes, la ovación fue rotunda.

Gladys de Nieto fue con su hija Tatiana y ambas miraban absortas los desplazamientos corporales de las balletistas. Gladys las comparó con muñecas de porcelana. “Todo es perfecto, todas están muy sincronizadas”.

A unos metros de ellas, Graciela Burbano, profesora, admiraba la delgadez de las bailarinas. ¿cómo harán para conservar esa figura?

Con su cámara fotográfica, Francisco Borja Alomía perennizó varios fragmentos de obras clásicas como El lago de los cisnes, El Corsario y Espartaco. “Hay mucha pureza, versatilidad y armonía en el ballet clásico. Soy un admirador de este arte”.

El lago de los Cisnes, que relata la historia del príncipe Sigfrido que quiere salvar a Odette, convertida en un cisne por un hechizo, fue la interpretación que más le gustó a Graciela Burbano.

El vestuario, la iluminación; todo se conjuga en la escena.

A esta maestra le llamó la atención el papel de los bailarines en el escenario. “No se limitan a cargar a las bailarinas; ellos bailan y son tan hábiles como ellas”.

Gabriela Gabela, de 16 años, disfrutó del fragmento Espartaco, porque los bailarines demostraron destreza en cada uno de sus movimientos. “Se nota que le dedican mucho tiempo a practicar”.

El espectáculo duró más de dos horas. Cuando el telón cayó, la gente todavía seguía en sus asientos. Querían verlos otra vez.

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