16 de December de 2012 00:01

El arte de Fina Guerrero, en un libro y una muestra

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La neblina se cernía sobre la González Suárez, pero dentro de Ileana Viteri Galería de Arte todo era luz, formas y colores. En medio de ello, la gente caminando, conversando, observando; y allí, entre los pasos, voces y miradas, la escultora Fina Guerrero Cassola (Quito, 1935), con una discreción que no disimulaba su sonrisa festiva.

Había fiesta porque cinco de sus piezas dialogaban con las propuestas de otros creadores: Lucía Falconí, con ese trabajo sutil y fresco, una explosión de imaginería dibujada y modelada con argucia; Ariel Dawi, la cromática esparciéndose en los trazos, en formas con aura de ensoñación; Milton Estrella, el movimiento de la madera, la sensación otorgada a la piedra de cualquier textura, la curva sensual; Ricardo Marengo, la línea y el tono ante la tentación del abstracto; y Oswaldo Viteri, el Ande hecho pintura, brochazo de rito que escarba en la identidad.

Las piezas escultóricas de Guerrero Cassola mostraban el abrazo, la feminidad, la voluptuosidad del ser, las formas afectivas de la piedra negra, del ojo de tigre, del alabastro rosado, del bronce... El material rendido, a través de técnicas tradicionales, ante los estímulos de la artista.

“En toda bella escultura, se adivina siempre una patente impulsión interior”, así reza el texto Elogio a la escultura (Testamento, del francés Augusto Rodin) y convenientemente escogido como prólogo del libro ‘La escultora. Fina Guerrero Cassola’.

La publicación reúne, bajo el sello editorial de la CCE, textos del crítico de arte Manuel Esteban Mejía, con una breve presentación; de la académica Susana Cordero de Espinosa, con una aproximación emotiva, asentada sobre las sensaciones, hacia la obra y vida de la escultora; del poeta Julio Pazos (editor del libro) quien trata los materiales y las técnicas usadas por la artista, enfocado en la tradición y el desarrollo de esta práctica.

Siguiendo las páginas las palabras ceden espacio a las imágenes, a las fotografías que Cristoph Hirtz y José Zambrano han hecho de las piezas, jugando hasta el equilibrio con las luces, las sombras y los fondos.

Sin embargo, algo de calidad se desvanece en la publicación, en el apartado sobre el proyecto Monumento a la humanidad, capítulo de talante promocional, pobre y esquemático en su presentación. También se cuentan siete críticas a la obra de Guerrero Cassola, todas favorables (¿acaso no ha habido quien cuestione su trabajo? Eso también es válido en una trayectoria).

En detalle
La publicación  incluye una cronología de la vida de la escultora, comparada con el contexto artístico. Asimismo, hay fotografías de su entorno familiar.

La exposición  colectiva  estará abierta  durante enero del 2013, dependiendo de la venta de las  obras.  

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